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Teoría de la reciprocidad, La Paz, Padep-gtz, 2003.

3. Ensayo sobre la economía de las comunidades indígenas

1. La redistribución según Sahlins

Dominique TEMPLE | 1983

Introducción

En el prefacio a la edición francesa de la obra de Marshall Sahlins : Stone Age Economics (1972) [1], Pierre Clastres escribe :

« Nos enseña y nos recuerda que en las sociedades primitivas la economía no es una “máquina” de funcionamiento autónomo ; es imposible separarla de la vida social, religiosa, ritual, etc. No sólo que el campo económico no determina el ser de la sociedad primitiva, sino que más bien la sociedad determina el lugar y los límites del campo de la economía. No sólo las fuerzas productivas no alcanzan al desarrollo, pero además, la voluntad de sub-producción es inherente al Modo de Producción Doméstico. La sociedad primitiva no es el juguete pasivo del juego ciego de las fuerzas productivas ; por el contrario, es la sociedad la que ejerce sin cesar un control riguroso y deliberado sobre su capacidad de producción. Lo social regula el juego económico y, en última instancia, lo político es la que determina lo económico. Las sociedades primitivas son “máquinas anti-producción” » [2].

¿Máquinas de anti-producción o máquinas de sobre-consumo ?

Si esta introducción tiene el mérito de resumir claramente una tesis clásica, hay que sin embargo devolverle justicia a Marshall Sahlins porque afirmar que las fuerzas productivas de la sociedad de redistribución o de reciprocidad no tienden al desarrollo, o también que la voluntad de sub-producción es inherente al modo de producción doméstico, parece una extrapolación bien rápida de sus ideas.

Mientras que Clastres designa a la sociedad primitiva como una máquina de anti-producción, Sahlins la describe como un sistema en el que la redistribución organiza la producción y ve en eso un principio de desarrollo « diametralmente opuesto al del sistema capitalista ».

Las fuerzas de producción no tienen el monopolio del poder, y la dinámica del desarrollo puede ser determinada tanto por el consumo como por la producción : resultaría extremadamente difícil privilegiar, a través de la teoría, la fuerza propia del uno o de la otra. La crítica de la economía política constata que la producción es efectivamente determinante en los sistemas de intercambio y de competencia ; pero no ocurre lo mismo en los sistemas de redistribución y reciprocidad, donde, por el contrario, el consumo es el que determina la producción. Más que “máquinas” anti-producción”, son “máquinas” – si se quiere decir así – de “sobre-consumo”.

De este modo, el hecho que la producción pueda ser subproducción con relación a la demanda, no implica entonces que las fuerzas productivas no estén integradas dentro de una tendencia al desarrollo y que no participen en el crecimiento económico, según leyes determinadas.

Representación política y relaciones económicas en las sociedades de redistribución y reciprocidad

Por lo tanto, no es tal vez la sociedad la que ejerce un control “deliberado” sobre los sistemas de redistribución y reciprocidad, sobre su capacidad de producción, en virtud de alguna sabiduría misteriosa o sobre-conciencia política, sino algunas leyes inherentes al crecimiento económico determinado por la redistribución. Si bien parece evidentemente verosímil que en ninguna parte la sociedad es un juguete pasivo de las fuerzas productivas, a la inversa, en ninguna parte la sociedad parece capaz de determinar de manera “deliberada” el lugar y los límites del campo económico. Más que dejar imaginar una “voluntad” de “sub-producción” arbitraria, los trabajos de Marshall Sahlins revelan una determinación de “sobre-consumo”, y es, en última instancia, lo económico que “determinará” lo “político”, en la medida que la redistribución y la reciprocidad sean expresiones del consumo y de la producción comunitaria, y en razón de lo cual, categorías de la economía política.

Antes de Marx, la economía política de las sociedades occidentales se confundía en lo esencial con sus ideologías, e incluso con un fetichismo político-religioso. Se convirtió en ciencia particularmente cuando la crítica de Marx permitió separar el objeto del análisis de sus formas de representación. Para autorizar nuevas investigaciones, basta con cuidar que el campo económico de las sociedades de redistribución no sea confundido a priori con el de los sistemas de intercambio y de concurrencia de nuestras sociedades.

Por cierto que las categorías económicas del sistema capitalista son totalmente inadecuadas para traducir la realidad de los sistemas de redistribución y reciprocidad, que estas categorías sean marxistas o no, en particular las categorías del intercambio ! Más, pretender que las categorías marxistas fracasen ante el proceso de redistribución sería emitir un juicio de intención, puesto que no es su carácter marxista lo que se acusa, sino su pertenencia al sistema criticado por Marx, y esto también es reconocer que se privilegia las categorías no marxistas apropiadas para el mismo sistema, y de las cuales se espera que sean más eficaces.

Sería necesario, en el fondo, hacer la Crítica de la Economía Política de la reciprocidad y la redistribución, de la misma manera como Marx hizo la Crítica de la Economía Política del intercambio y la concurrencia. Se revelaría así que si estas sociedades tienen caracteres religiosos, culturales, etc., muy diferentes de los de las sociedades organizadas según el intercambio y la concurrencia, estos caracteres no son menos esclarecedores de sus relaciones económicas.

La redistribución

« El intercambio primitivo – y éste es uno de sus rasgos distintivos – está ligado, por regla general, más bien a la distribución de productos terminados en el seno del grupo y no, como el intercambio mercantil, a la adquisición de medios de producción » [3].

Este rasgo característico permite a Sahlins interpretar el centro de un sistema de redistribución como el lugar privilegiado donde convergen diferentes relaciones de reciprocidad, y en el que cada protagonista puede entonces depositar algunas de sus riquezas para obtener otras. Es así cómo la redistribución aparece como la realización de numerosas relaciones de reciprocidad.

Para Sahlins, el hecho de que la redistribución concierna esencialmente a los productos terminados, indica que la redistribución cumple una función primordial que Malinowski había ya reconocido y que Sahlins menciona al citar a este autor :

« Creo que encontraríamos que las relaciones entre lo económico y lo político son constantes por el mondo : en todas partes, el jefe detenta el rol de banquero tribal : reúne los alimentos, los almacena, asegura su vigilancia y luego dispone de ellos para el provecho de la comunidad. (Malinowski, 1937, pp. 232-233.) » [4].

En cuanto “a las prácticas de ayuda mutua en la producción”, éstas no dependerían – según esta interpretación – más que del “contexto” de la redistribución. La producción se organizaría en interés de todos porque la redistribución instaura la unidad colectiva.

El hecho que la producción colectiva esté organizada por la redistribución, se explicará por una relación inmediata entre la redistribución y la producción ; esta afiliación de la producción a la redistribución sólo sería una consecuencia de la “centricidad”, para emplear una expresión de Polanyi [5], instaurada en las relaciones de reciprocidad por la función de aglutinamiento que cumple la redistribución. Esto se debería a que la redistribución sería una forma de organización de las conductas de reciprocidad. De este modo, se nos remite a la reciprocidad en la cual, según Sahlins, sólo intervienen relaciones de intercambios simétricos para los productos terminados, los valores de uso y los bienes de consumo.

Antes de analizar el concepto de reciprocidad propuesto por Polanyi, quisiéramos precisar el rol tan importante de la función de redistribución, que Malinowski designa con la expresión de “banquero”. En efecto, el rol de banquero de un jefe indígena no excluye el de accionista (para quedarnos con la terminología de Malinowski). La observación de las sociedades indígenas muestra que el hombre, cuya producción es la más eficaz, y que por lo tanto dispone de mayores posibilidades de redistribución, recibe la consideración de los beneficiarios. Dicho de otra manera, para ser banquero hace falta primero ser jefe, y para ser jefe, se debe redistribuir más que los demás.

Esta precisión nos deja entrever que la redistribución no puede definirse solamente como la organización de las relaciones de reciprocidad, y que la función de banquero no da justa cuenta de lo que podríamos llamar la génesis de la redistribución. Esta génesis plantea un origen de la redistribución diferente a la génesis propuesta por la función de organización de las conductas de reciprocidad. El principio según el cual “se redistribuye colectivamente aquello que se produce colectivamente” ya no depende de la unidad introducida por una generalización y centralización de las relaciones de reciprocidad, sino que depende desde su origen del principio de redistribución. La redistribución conduce obligatoriamente a una reciprocidad productiva.

*

Pour citer ce texte :

Dominique TEMPLE, "La redistribución según Sahlins", Ensayo sobre la economía de las comunidades indígenas, 1983, http://dominique.temple.free.fr/reciprocite.php, (consulté le 22 novembre 2017).

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Notes

[1] SAHLINS, Marshall. Stone Age Economics, Chicago, 1972 ; traducción francesa : Âge de Pierre, âge d’abondance - L’économie des sociétés primitives, Paris, Gallimard, 1976.

[2] CLASTRES, Pierre. Prefacio in SAHLINS, Marshall. Âge de Pierre, âge d’abondance - L’économie des sociétés primitives, Paris, Gallimard, 1976, pp. 28-29.

[3] SAHLINS, M. Âge de Pierre, âge d’abondance, op. cit., p. 239.

[4] Ibíd., p. 242.

[5] POLANYI, Karl & C. ARENSBERG. Trade and Market in the Early Empires, Economics in History and Theory, New York, The Free Press, 1957.