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Universidad Antonio Ruiz de Montoya, Lima, Perú, 2012.

Ensayos

Campesinos, mercados y políticas públicas : una lectura por la reciprocidad

Eric SABOURIN | 2012

Presentación por Bernardo Haour, S. J. del libro de Eric Sabourin : Campesinos, mercados y políticas públicas : una lectura por la reciprocidad [1].

*

El libro que tenemos el honor y la alegría de presentar es una reflexión de primer orden, profunda y detallada, sobre uno de los grandes problemas de la sociedad mundial del siglo XXI. Si consideramos que la actividad económica no consiste solamente en producir cosas, sino en producir o contribuir a producir relaciones entre personas, es un gran problema para la humanidad de hoy lograr que, ante el contacto con el sistema de intercambio mercantil, una parte notable de la población mundial dedicada a la producción agrícola no pierda sus sistemas de relaciones con la naturaleza y las demás personas, que difieren del intercambio mercantil puesto en marcha desde hace dos siglos en Occidente. Este sistema distinto, lo estudia el autor bajo el título general de “sistema de reciprocidad”. La tesis general de este gran libro es que estos sistemas de reciprocidad tienen su originalidad propia y que, sin estar exentos de limitaciones, aseguran a los que lo comparten una posibilidad de producir no solamente sus vidas sino también sus relaciones humanas y valores (amistad, capacidad de compartir, solidaridad, identidad y varios otros), lo cual les da “razones para vivir” de manera distinta de la cultura occidental, pero quizás de modo más humano que aquella vinculada con el intercambio mercantil.

La tesis de un autor célebre, Polanyi (en La gran transformación : los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo), muy citado en este libro, es que el “intercambio mercantil” tiene una tendencia irresistible a imponerse en el mundo entero y que, en este sentido, todas las formas de reciprocidad anterior al intercambio mercantil no tienen ninguna probabilidad de sobrevivir. Es la victoria asegurada de la modernidad (si se puede denominar así al intercambio mercantil) sobre la tradición (en caso sea posible llamar de esta manera los sistemas de reciprocidad).

Nuestro autor piensa que esta tesis es muy simplificadora, pues lo que llama “sistema de reciprocidad” (cuya teoría, como lo veremos, ocupa toda la primera parte del libro) puede convivir con el sistema del intercambio mercantil, con la condición de que se respeten mutuamente y que este no busque sistemáticamente absorber a aquel, sino más bien que se constituya una “interfaz” entre los dos. Esta tesis se asienta non solamente sobre la, propia experiencia de investigador del autor en América Latina (Amazonía peruana, Brasil), África (Guinea Bissau) y Oceanía (Nueva Caledonia). Es una gran contribución, en este sentido, a la reflexión actual, desarrollo humano, desarrollo sostenible, temas que son de una urgente actualidad frente a las crisis del modelo económico vigente que estamos atravesando.

La primera parte ofrece una “teoría de la reciprocidad”. Se apoya en un análisis minucioso de grandes autores (sociólogos, antropólogos, historiadores) que se han expresados sobre este tema. Resumiendo, se pueden destacar tres puntos de este minucioso recorrido. El primero es la diferenciación que se debe hacer entre reciprocidad e intercambio. La reciprocidad no es un embrión de lo que será el intercambio generalizado, tal como lo afirma Levi-Strauss en una perspectiva reductora. La reciprocidad es un sistema de relaciones entre personas, y no solo un sistema de permutación de cosas, como lo es el intercambio.

El segundo punto es que la reciprocidad no tiene tampoco su origen en “el don”, como los comentaristas del célebre libro de Mauss, Ensayo sobre el don, se inclinan a pensar. El don, según el autor y varios investigadores que comparten su opinión, no se entiende si no se inserta en el circuito de la reciprocidad, que le da su anclaje social.

El tercer punto, y que se refiere a los trabajos más recientes sobre el tema (Temple, Chabal y varios otros), es que la reciprocidad no se apoya en valores preexistentes que la dominan, como lo suponía el trabajo de Mauss (para este, “hau” o “mana” eran los nombres de una entidad que simbolizaba estos valores preexistentes). Sin rechazar la preocupación de Mauss de encontrar el sentido ético de la reciprocidad, los autores más recientes nos dicen que esta es un acto repetitivo que produce, como acto, los valores, que después se pueden identificar como amistad, confianza, compartición, solidaridad, etcétera.

En la producción de bienes para el otro, cercano o menos cercano, no estoy solamente produciendo para mi interés, sino para el otro y, en este sentido, estoy produciendo estos valores que dan constantemente identidad a nuestro grupo. Sin esta producción, estos valores no existen. Este tercer punto es evidentemente muy interesante en la medida en que introduce una historicidad inmanente a la producción de valores a partir de la producción material de las cosas, y de su circulación entre personas.

Esta presentación no es el lugar para entrar en el detalle de su argumentación, bastante densa, ni en el inventario, muy estimulante, de las distintas formas de reciprocidad que se pueden encontrar. Pero creemos que con estas breves líneas, el lector puede darse una idea de la riqueza del primer capítulo.

El segundo capítulo se dedica primero a presentar un análisis detallado, producto de la experiencia directa del autor, de las diversas formas de reciprocidad en las relaciones entre grupos campesinos de dos regiones distintas de Guinea Bissau, África.

El autor sigue demostrando, con ejemplos concretos en las dos experiencias africanas, que varias formas de reciprocidad, una de sociedad de iguales y otra de sociedad de castas, no pueden interpretarse como apoyadas sobre valores preexistentes. En estos ejemplos, se ve que son los actos de reciprocidad los que producen valores que se comparten entre los actores y, en este sentido, desbordan a cada uno de ellos, formando una especie de dimensión común, pero que no es sino el resultado repetido de esta interacción.

En la primera experiencia se estudian casos de reciprocidad que Sabourin llama positiva en el plan de las representaciones simbólicas y en el de la realidad : grupos de ayudas mutuas, organización de la redistribución. Pero también se señala la existencia de la reciprocidad negativa, que el autor estudia como si abarcara todos los fenómenos de sanciones de venganza y de guerra.

Los mismos elementos se estudian también en la segunda experiencia, que se dedica a restituir la reciprocidad en la sociedad manjaca. Pero a esta restitución se añade una muy interesante observación sobre la manera como la reciprocidad juega también para organizar y regular las migraciones de varios miembros de dicha sociedad, por ejemplo, en Francia (Marsella), y las relaciones que siguen manteniendo con la madre tierra.

Estas observaciones sostienen que, a pesar de las influencias de sistema de intercambio mercantil sobre el sistema de reciprocidad, este último se ha conservado, y en este sentido constituye una prueba para pensar que, con la condición de actualizarse y adaptarse a nuevos entornos, la reciprocidad sigue siendo un sistema válido para el futuro, en contra lo que predecía Polanyi. Sin embargo – dice el autor – el peligro de “crisis identidarias y económicas entre las más graves de la historia de la humanidad” subsiste en el África poscolonial en varios Estados. “La parálisis o la destrucción de los sistemas de reciprocidad no conduce a su sustitución occidental. Esto lleva al vació y al caos”.

A continuación, el autor estudia cómo la reciprocidad es constitutiva de la organización de la comunidad en los casos que evoca.

Los desarrollos siguientes mencionan una gran variedad de estructuras de reciprocidad en su funcionamiento concreto en varias situaciones : estas estructuras son, por ejemplo, ayuda mutua, gestión compartida de recursos – con una larga referencia a Ostrom y el tema de la acción colectiva, muy interesante – y toda especie de formas de organización que implican la reciprocidad para su regulación : asociaciones, grupos, cooperativas.

El capítulo dos concluye con una evocación a los acercamientos a la economía campesina que hacen explícitamente referencia a la reciprocidad, “la economía moral” (Scott) y “la economía afectiva” (Hyden), así como a un estudio de Ploeg, muy amplio, sobre lo que llama el “principio campesino”. Este profundiza las diversas líneas de resistencia y reactualización de la reciprocidad que puede tener el campesinado frente a las amenazas posibles del sistema mercantil, pero que no tienen que ver con un “atraso”, rechazo del progreso o “rechazo del desarrollo”, sino con una búsqueda de autonomía.

En el tercer capítulo, el autor busca responder la pregunta principal que anima la dinámica de toda la obra : ¿Es posible encontrar una bisagra entre el sistema de reciprocidad (tal como lo ha teorizado el primer capítulo e ilustrado el segundo) y el sistema del intercambio mercantil, de tal manera que no haya confusión entre los dos y que puedan convivir de manera que los sistemas de reciprocidades no sean absorbidos por el intercambio mercantil ?

Una primera reflexión se dedica a posibilidad de tal articulación entre los dos sistemas en el caso de los mercados. El autor realiza una muy interesante descripción de “mercados” en distintas partes del mundo. Existen varias fórmulas de “mercados” que propicia la distribución de bienes entre distintos actores, pero que no son por eso “intercambio mercantil” en el sentido de la competencia capitalista.

Los ejemplos descritos pertenecen a las distintas zonas en las cuales el autor ha trabajado : Amazonía peruana, Guinea Bissau, Brasil, Nueva Caledonia. En estos distintos ejemplos, se pueden ver posibilidades de articulación con el intercambio mercantil que el autor analiza con detenimiento [2] y que permitirán mantener los “mercados” descritos anteriormente. De manera sugerente, el autor aprovecha esta discusión para entrar en diálogo con los temas de la “economía solidaria” que trata de vincular reciprocidad e intercambio mercantil, subrayando los posibles problemas de absorción de la primera por el segundo que puedan surgir de esta vinculación.

La reflexión que sigue a continuación explora el tema de la bisagra posible entre reciprocidad e intercambio mercantil, esta vez entre el sistema de reciprocidad y las políticas públicas que, hasta cierto punto, y sin hacerlo de manera siempre consciente, pueden producir dispositivos que favorezcan fórmulas inspiradas en el principio de reciprocidad. No lo hacen de manera siempre exhaustiva y el autor nos propone distintas evaluaciones de estos ensayos, que por lo menos demuestran que ella “interfazce” entre el sistema de reciprocidad y el sistema de intercambio puede darse por medio de políticas públicas.

Por sí mismas, las políticas públicas no integran fácilmente las lógicas sociales que orientan las organizaciones campesinas. Estas últimas deben tomar en cuenta las exigencias de repartición de su entorno social. Tienen que aprender estas lógicas y buscar una articulación que las respete.

Nos dice Sabourin que existen políticas públicas que van en este sentido y que se pueden aprender mucho de estas experiencias de interfaz entre poderes públicos y organizaciones campesinas, en lo concerniente a la creación de lo que el autor llama un desarrollo rural territorializado.

En lo que toca a lo que llama hoy desarrollo sostenible, sugiere que las prácticas tienen que favorecer el apoyo público a dispositivos de reciprocidad locales ; por ejemplo, la gestión colectiva de bienes comunes y públicos que consolidan la “multifuncionalidad” de la actividad campesina (Brasil) o la organización de mercados públicos cuyos precios se garantizan (África) o los programas de adquisición de alimentos (Brasil).

La legislación nacional, cuando sabe retomar las lógicas de reciprocidad de la población, puede ser también una interfaz importante entre el sistema de reciprocidad y el intercambio mercantil. En esta perspectiva, las recientes constituciones de Bolivia y Ecuador, en América Latina, merecen una atención especial, y el autor les dedica páginas de gran interés, así como a la Ley de Comunidades Nativas y Tierras de Selva del Perú.

Este capítulo termina con una suerte de meditación muy fina y equilibrada sobre los fenómenos que el autor llama “alienaciones” en el sistema de reciprocidad. En esta línea, esclarece varias ambigüedades que se encuentran en distintas formas de reciprocidad y nos las hace ver de manera mucho más matizada, en comparación con otros comentaristas de los mismos hechos.

En resumen, tenemos aquí una verdadera suma de información y reflexión sobre los problemas que afrontan hoy los campesinos del mundo entero para no perder su identidad en el contacto con el sistema occidental. Esta obra brinda opciones para reactivar los recursos antropológicos de los campesinos con este contacto, en lugar de no ver otra pista de desarrollo que no sea la total inmersión en el sistema de intercambio mercantil. En este sentido, es un libro de inmenso valor para cualquier persona que se interese en los problemas del desarrollo hoy.

Para terminar, planteamos para la discusión las siguientes preguntas :

– La reciprocidad parece descrita por el autor como generadora de virtudes como la confianza, la solidaridad, la amistad, la ayuda mutua, que serían de la misma naturaleza en cualquier cultura. De aquí surge la pregunta de cómo estas virtudes pueden tener un rostro uniforme bajo cualquier latitud ; nos parece que esta podría ser una cuestión para profundizar.

– Una segunda pregunta sería el modo de demostrar de manera comprensible que la reciprocidad crea dichas virtudes, como lo repite el libro según investigaciones recientes. En la presentación de esta idea, muy estimulante, no se ve, sin embargo, la manera en que los promotores de ella la pueden hacer sentir a partir de casos estudiados ; parecen afirmaciones llenas de convicción, pero el lector desearía un desarrollo más detallado del tema.

– Una tercera interrogante, que el autor no ignora pero que se podría profundizar más, es sobre el carácter a veces exclusivo que pueden tener ciertas formas de reciprocidad. En estas, todo acceso a los beneficios que procura esta reciprocidad (confianza, solidaridad) parece estrictamente prohibido a quienes no están involucrados en sus circuitos. Podría ser una limitación o una “alienación” de la reciprocidad que valdría la pena estudiar.

– Por último, la noción de “interfaz”, la cual estructura todo el esfuerzo del libro para abrir pistas que permitan la conservación-renovación de la reciprocidad en su contacto con el sistema mercantil, parece muy operativa y el autor brinda ejemplos muy interesantes, pero surge la pregunta sobre la concepción de desarrollo que el sistema de intercambio mercantil promueve de manera más o menos consciente y que puede ser adoptada por los gobiernos y la cooperación internacional. Desarrollar una “interfaz”, como propone el autor, tiene de contraparte una concepción distinta de desarrollo, que sin excluir al sistema capitalista, no adopta como único criterio el “crecimiento”, el cual, para el pensamiento capitalista, más o menos conscientemente, es casi un sinónimo de desarrollo. Nos parece que este problema de concepción de desarrollo como problema político se abordará en las discusiones que habrá de suscitar este excelente libro, que estamos seguros será un clásico sobre el tema.

Bernardo Haour, S. J.

Director Investigación e Incidencia

Universidad Antonio Ruiz de Montoya

Pour citer ce texte :

Eric SABOURIN, "Campesinos, mercados y políticas públicas : una lectura por la reciprocidad", Ensayos, 2012, http://dominique.temple.free.fr/reciprocite.php, (consulté le 24 novembre 2017).

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Notes

[1] SABOURIN, Eric. Campesinos, mercados y políticas públicas : una lectura por la reciprocidad, Serie Ética y Desarrollo, Universidad Antonio Ruiz de Montoya, Perú, Lima, 2012, 516 p.

[2] Desarrollo de mercados de proximidad, el bingo de Nueva Caledonia como medio de repartición de las cosas que no se han vendido para desarrollar un proyecto colectivo, la reglamentación estatal del comercio justo en Brasil, las políticas de calificación de productos, la venta directa productores/consumidores.