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Rencontres Transdisciplinaires, Bulletin n°13, Mai 1998.

Teoría de la Reciprocidad, La Paz, Padep-gtz, 2003.

El Principio de antagonismo de Stéphane Lupasco

1. El Principio de antagonismo de Stéphane Lupasco

Dominique TEMPLE | 1998

La física cuántica reveló que la materia y la energía, de las que la física clásica daba una definición no-contradictoria, procedían la una y la otra de una entidad del orden del acontecimiento contradictoria en sí misma.

La noción de lo contradictorio en sí apareció en efecto por primera vez con el descubrimiento del quantum de Planck en el estudio de la luz cuando hubo que explicar que ella podía manifestarse ora como la vibración de un medio homogéneo, ora como un haz de partículas elementales. Bohr expresó el embarazo de la física mediante la siguiente ilustración :

« Cuando un espejo semi-plateado es situado en el camino de un fotón ofreciéndole dos direcciones posibles de propagación, el fotón puede ser grabado sobre una y sólo una de las dos placas fotográficas situadas a gran distancia en las dos direcciones, pero también podemos, reemplazando las placas fotográficas por espejos, observar los efectos que ponen en evidencia las interferencias entre dos trenes de ondas reflejados » [1].

He aquí cómo se planteaba un problema totalmente imprevisto para los físicos. En efecto, que el acontecimiento de origen sea capaz de contener en sí mismo las potencialidades de esos contrarios – continuo y discontinuo – puesto en evidencia en la ilustración de Bohr, el uno por impactos sobre la placa fotográfica, el otro por las interferencias mientras que la lógica excluye de todo conocimiento la idea misma de lo contradictorio  (lire la définition) .

« Personalmente, comenta Bohr, pienso que hay sólo una solución : admitir que en ese dominio de la experiencia tenemos que ver con fenómenos individuales y que nuestro uso de los instrumentos de medida nos deja, solamente, la posibilidad de hacer una elección entre los diferentes tipos de fenómenos complementarios que queremos estudiar » [2].

Bohr añade :

« Importa de manera decisiva reconocer que, cuan lejos los fenómenos puedan trascender el alcance de las explicaciones de la física clásica, la descripción de todos los resultados de experiencia deben ser expresados en términos clásicos » [3].

Según esos términos clásicos, los fenómenos complementarios no pueden dejar de ser independientes los unos de los otros, lo que no permite esperar un conocimiento inmediato y total del acontecimiento del que provienen. La dificultad será salvada entonces gracias al principio de complementariedad  (lire la définition) . Es decir, gracias al uso de perspectivas cada una no contradictoria en sí misma, excluyente la una y la otra, y que serán consideradas como complementarias entre sí.

Ciertos teóricos del formalismo cuántico propusieron acordar el nombre de complementario a las soluciones intermedias entre las mediciones de un acontecimiento dado ; es decir, a los diferentes grados de actualización de cada fenómeno observado. Esos diferentes grados de actualización son llamados por Weizsäcker “estados coexistentes” [4]. Weizsäcker diferencia esos estados coexistentes por lo que llama grado de verdad, es decir, su grado de no-contradicción, ya que, según la lógica clásica, el criterio de verdad es la no-contradicción. El formalismo cuántico permite así relacionar a nuestra lógica del tercero excluido, que utilizamos cotidianamente para definir los fenómenos observados, con la lógica del tercero incluido que debe ser reconocida para los acontecimientos sobre los cuales trata la observación.

En el Congreso de Antropología y Etnografía de Copenhague de 1938, Bohr hizo notar que en el estudio de las comunidades y de las sociedades humanas, el observador no aprehende de lo que quiere estudiar sino una respuesta provocada por su observación. Bohr propuso entonces a los investigadores en ciencias humanas recurrir también al principio de complementariedad. Pero en esa época (1935), otro principio ya permitía relacionar lo contradictorio y lo no-contradictorio : el principio de antagonismo  (lire la définition) de Stéphane Lupasco [5].

El principio de antagonismo de Lupasco une la actualización de un fenómeno a la potencialización de su contrario. La potencialización es definida como una conciencia elemental (“co-ciencia”, dirá Marc Beigbeder [6] ya que no se trata sino de conciencia sin conciencia de sí misma, y no de lo que llamamos conciencia cuando hablamos de la conciencia humana). Para imaginar esta tesis, diremos que la onda actualizada está unida a una estructura corpuscular potencializada, que la estructura corpuscular actualizada está unida a una onda potencializada, y que cada una de esas potencializaciones es una conciencia elemental. A su vez, estas actualizaciones-potencializaciones pueden actualizarse (actualización pues de segundo grado). Si esta actualización es del mismo signo que la primera – y así sucesivamente – la serie de las actualizaciones se llamará una ortodialéctica  (lire la définition)  ; si ella es de signo inverso, se llamará paradialéctica  (lire la définition) .

La ortodialéctica de la homogeneización, según la definición de la física clásica, es aquella de la energía cuya imagen es la luz. La ortodialéctica de la heterogeneización, llamada ahora neguentropía, es la de la vida, la de la organización de la materia, el átomo, la molécula, el código genético. La heterogeneización, sinónimo de diferenciación, es un término que tal vez puede valorar mejor el hecho de que ese fenómeno se constituye inicialmente a partir de una oposición entre dos polos, apareciendo cada uno como partícula correlacionada con su opuesto. No existen pues elementos materiales aislados de manera absoluta sino parejas o díadas de elementos correlacionados (materia y antimateria). En cada fenómeno de diferenciación, al estar él mismo correlacionado con su opuesto, la diferenciación se convierte en la organización o la complejización.

Cada una de estas dos ortodialécticas tiende hacia un ideal de no contradicción. La una, ilustrada por el principio de Pauli [7], engendra una organización siempre más compleja : la materia viviente ; la otra, de la que da cuenta el principio de entropía de Carnot-Clausius, conduce a lo que se llama la muerte del universo. Para Bohr, los fenómenos son manifestaciones de una realidad cuya conciencia puede tener una traducción sólo gracias a dos lecturas parciales complementarias. Pero esas dos lecturas no son como las dos caras de una medalla. El fenómeno medido es cada vez todo el acontecimiento. La realidad se manifiesta ora como onda ora como corpúsculo. Para Lupasco, la realidad actualizada está unida a una potencialización, una conciencia elemental, de la que procederá la conciencia de conciencia (la conciencia humana) y ésta no será entonces arbitraria.

¿Qué pasa, en efecto, cuando dos actualizaciones-potencializaciones antagónicas son de igual intensidad y producen un equilibrio simétrico, es decir, cuando mutuamente se anulan de un modo riguroso ?. Sucede que el principio de complementariedad de Bohr es inutilizable, que tales estados son incognoscibles, ya que no se puede tener ninguna imagen de ellos, ninguna idea, por el hecho de que no se actualiza ningún hecho que pueda ser medido. Podemos ciertamente imaginar para este estado intermedio entre dos actualizaciones-potencializaciones antagónicas un espacio de nuevo tipo, pero este espacio, al ser contradictorio, no tiene límite y está totalmente vacío. Nadie puede decir nada de él. Ese vacío caracteriza los estados coexistentes al grado de verdad cero. Costa de Beauregard sostiene que ya que no es posible hablar de aquello que no se puede medir ; el físico debe entonces callar ante lo desconocido.

Volvamos sin embargo a los estados coexistentes simétricos : ni ondas ni corpúsculos, ni homogéneos ni heterogéneos. Según Heisenberg,

« Cada estado contiene hasta cierto punto los otros estados coexistentes... Por otra parte, si se considera la palabra “estado” como la que describe una potencialidad dada antes que una realidad, se podría incluso reemplazar el término “estado” por el término “potencialidad”. Entonces, el concepto de potencialidad coexistente es del todo razonable, ya que una potencialidad puede comportar todo o parte de otras potencialidades » [8].

Heisenberg utiliza la noción de potencialidad en el sentido que le daba Aristóteles que definía la Materia como una entidad que contiene en potencia los contrarios, tales como el engendramiento y la corrupción, la vida y la muerte, el orden y el desorden. Ha llegado el momento de introducir un término nuevo para este estado particular de potencialidades coexistentes simétricas. Se trata del estado T de Lupasco [9] que significa lo que es contradictorio en sí. Ese estado T es el tercero, que la lógica clásica excluye y que Lupasco llama el tercero incluido  (lire la définition) . Ese estado T corresponde a esta situación particular en la que dos polaridades antagónicas de un acontecimiento son de intensidad igual y se anulan recíprocamente para dar nacimiento a una tercera potencia en sí misma contradictoria.

Un estado tal, en sí mismo contradictorio, puede ser enunciado bajo forma negativa, por ejemplo : ni onda ni corpúsculo. Pero ¿cómo hablar de forma positiva ?. Se podría decir que el tercero incluido es una semi-actualización de dinamismos antagónicos, y a la vez, una semi-potencialización de esos mismos dinamismos antagónicos. Sin embargo, uno no aprehende toda originalidad sino en tanto que tercera dinámica entre la energía y la materia.

Es ahora que se hace fecunda la proposición de Lupasco de considerar las potencialidades como conciencias elementales, ya que una conciencia elemental que se relativiza por su conciencia elemental antagónica deja de ser una cuestión ciega respecto de sí misma mientras que adquiere una luz sobre sí misma a partir del tercer incluido que nace de su relativización por la conciencia elemental que le hace frente, la cual adquiere esta misma luz sobre sí misma, luz que puede describirse, luego, como una luz de luz, una conciencia de conciencia, una iluminación de sí misma. Ahora bien, es de la conciencia propiamente dicha de la que en realidad se trata : de la conciencia de conciencia, tal como la conocemos por nuestra propia experiencia humana y que llamaremos revelación  (lire la définition) .

Si se encara este estado T desde el punto de vista de la actualización, relativizada por la actualización antagónica, toda realidad cesa, tanto si se trata de la materia como de la energía, pero el estado intermediario, actualización relativizada por su actualización antagónica, no deja de ser muy real hasta el punto de que podría ser definido por el nombre de materia-energía primordial. El principio de antagonismo conduce así al reconocimiento de una entidad sin materia ni energía, tan real como la realidad, que es a la vez una conciencia de conciencia. Lupasco la llama : energía psíquica.

Aparece pues, entre las actualizaciones-potencializaciones antagónicas, una tercera polaridad que es la del contradictorio mismo y que puede a su vez desplegarse como ortodialéctica [10]. Su advenimiento puede ser llamado un fenómeno de auto-conciencia que no conoce otra cosa que aquello con lo cual está en interacción, es decir, él mismo.

La energía psíquica tiene una especificidad como conciencia de sí, como revelación transparente de sí misma, desprovista de todo otro conocimiento que no sea la sensación de su propia libertad, aunque esta dinámica no por ello está menos relacionada con los polos de lo contradictorio por todos los grados de verdad de Weizsäcker, de modo que, entre la conciencia de sí y las conciencias elementales pueden aparecer todas las conciencias de conciencias que nosotros llamamos conciencias objetivas  (lire la définition)  [11].

Lupasco subraya una analogía de estructura entre los estados coexistentes de la física cuántica y la conciencia humana. Si no es posible conocer los estados coexistentes de grado de verdad cero, no es imposible que no se conozcan ellos mismos, que no sean conciencias de conciencias. Tal fue por ejemplo la intuición de la noosfera de Teilhard de Chardin, y de su evolución continua del alfa al omega.

Lupasco se interesó en los sistemas vivos, luego en el sistema psíquico y constata inmediatamente que los sistemas vivos respetan el principio de antagonismo polarizado por la diferenciación [12], mientras que el sistema psíquico respeta el principio de antagonismo polarizado por lo contradictorio [13].

Las neurociencias confirman el carácter contradictorio del sistema psíquico. El sistema psíquico resulta de la confrontación de informaciones antagónicas. Se construye, en efecto, por la complejización de antagonismos. La neurología descubre incluso diferentes fases de la aparición del tercero incluido : cuando las células nerviosas oscilan entre vida y muerte fabrican un equilibrio sin perturbaciones exteriores, participan en la elaboración del pre-concepto (no dejan de hacer recuerdo, con ello, a las potencialidades co-existentes de Heisenberg). Esos pre-conceptos son en efecto neutros, indeterminados, pero cuando los complejos de neuronas movilizadas en la elaboración de los pre-conceptos interactúan con el medio físico o biológico, sus pre-conceptos son orientados (como los acontecimientos cuánticos son fenomenalizados por su interacción con los instrumentos de medida).

El campo del preconcepto se bordea de la conciencia elemental antagónica de la actualización biológica provocada por la acción del medio. Las potencialidades nacientes en el horizonte del preconcepto han de hacerse tanto más no-contradictorias cuanto las actualizaciones a las cuales esas potencialidades están unidas serán no contradictorias. La realidad del mundo es pues conocida de una manera no arbitraria [14]. Las actualizaciones despóticas provocan reacciones cada vez más unilaterales, los reflejos, y las conciencias de conciencias son reemplazadas por conciencias elementales, como las del instinto o la costumbre.

Pero en el corazón de las conciencias de conciencia, en el estado T, cuando no domina ni la una ni la otra de las fuerzas antagónicas que se afrontan, no puede aparecer nada en el borde de la conciencia de conciencia, y ninguna conciencia puede ser definida. El concepto se reduce a un estado coexistente, complejo es cierto pero tan indeterminado como el vacío cuántico de los físicos. No sabríamos nada si la prueba por sí misma de la conciencia no se tradujera por la afectividad. Y bien, estando esta nueva paradoja, que confunde la reflexión sobre lo contradictorio, la afectividad se traduce por un en-sí absoluto [15].

Si para el físico los estados co-existentes de grado cero de verdad son incognoscibles, estos estados se revelan a sí mismos en la energía psíquica como pura afectividad [16]. De ello resulta el sentimiento de sí como existencia. De una forma más elaborada, resulta igualmente de ello la conciencia de ese sentimiento como sentimiento de la conciencia. La experiencia introspectiva de duda sistemática es, en efecto, la sede de una certidumbre ontológica que se despliega con tanta más fuerza cuanto la duda se radicaliza.

El principio de antagonismo propone así una solución original al problema de las relaciones del espíritu con la materia y la energía. La energía psíquica es de la misma naturaleza fundamental que todo otro fenómeno, pero tiende hacia lo contradictorio en tanto que la materia y la energía tienden hacia lo no-contradictorio. Las manifestaciones de la materia-energía psíquica son entonces irreductibles a las de la materia y la energía, lo que traduce la contradicción, cara a los idealistas, del espíritu y de la naturaleza ; sin embargo, ellas son aparentadas, lo que el materialismo había aprehendido intuitivamente. La teoría de Lupasco reduce la distancia entre la ciencia y la ética. No hay hiato entre el espíritu científico y el espíritu místico, solamente una orientación diferente.

Pero lo contradictorio puede actualizarse (actualización de segundo grado) y ser potencializado por una actualización antagónica, o bien manifestarse de forma contradictoria. Conocemos bien esta última manifestación : la Palabra  (lire la définition) .

En la expresión de la conciencia por un significante se pueden distinguir dos dinámicas opuestas : la una converge hacia la unidad, la llamaremos principio o Palabra de unión  (lire la définition)  ; la otra va en sentido inverso y se manifiesta por la diferenciación : la llamaremos principio o Palabra de oposición  (lire la définition) . Si el estado T queda cabe sí mismo, es atrapado por esta identidad, lo que es una homogeneización de segundo grado. Si se actualiza por diferenciación, será atrapado por una diferenciación tal. Aquí, la palabra no significaría sino para sí : se convertiría inmediatamente en una señal de lo que pone en peligro la existencia del yo. Lo contradictorio ¿cómo puede escapar, ya sea a su homogeneización definitiva o a su heterogeneización definitiva ?. Sería necesario que pueda dejar de ser él mismo sin diferenciarse, sin embargo, de sí mismo, o diferenciarse permaneciendo idéntico a sí mismo. Lo contradictorio no puede renacer a menos que la palabra engendre su propia matriz. Una puesta en escena particularmente dramática de este devenir de lo contradictorio que muere en el significante y renace en la estructura del lenguaje, en el juego de significantes ; es la escena de la Encarnación, de la Muerte y de la Resurrección, de lo que se llama a sí mismo Revelación.

Pero las dos Palabras no pueden reencontrarse, ya que expresan dos actualizaciones que por definición son excluyentes la una de la otra. Cada una de las Palabras de unión y de oposición debe encontrar en ella misma la posibilidad de su relativización. La cosa es inmediatamente posible desde que es reproducida por la otra de forma antagónica, es decir, para cada una en una relación de reciprocidad. Por ejemplo, la Palabra de oposición hermana-esposa, o amigo-enemigo, puede ser redoblada por el frente a frente en estado invertido. Este frente a frente es, por ejemplo, el de las organizaciones así llamadas dualistas  (lire la définition) es decir compartidas en dos mitades que son, a la vez, amigas y enemigas. Así se reconstituye un espacio contradictorio pero esta vez a nivel del lenguaje y no solamente de lo real. Y es entonces en estados T diferentes que han de descubrirse en una segunda generación. Ocurrirá lo mismo con la Palabra de unión. Cada una de las dos Palabras tiene pues un porvenir distinto para poder estructurarse según el Principio de reciprocidad. Se puede ver en esos dos devenires opuestos el del pensamiento político y el del pensamiento religioso.

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Pour citer ce texte :

Dominique TEMPLE, "1. El Principio de antagonismo de Stéphane Lupasco", El Principio de antagonismo de Stéphane Lupasco, 1998, http://dominique.temple.free.fr/reciprocite.php, (consulté le 24 novembre 2017).

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Notes

[1] Niels BOHR, citado por Werner HEISENBERG, in Physique et philosophie, Paris, Albin Michel, 1971.

[2] Ibíd.

[3] Ibíd.

[4] Ibíd.

[5] Cf. LUPASCO, S. Le principe d’antagonisme et la logique de l’énergie, Paris, éd. Hermann, 1951. 2da ed. Monaco : édition du Rocher, Coll. L’Esprit et la matière, (préface de Basarab Nicolescu), 1987.

[6] BEIGBEDER, Marc. Contradiction et nouvel entendement, Paris, Bordas, 1972.

[7] La Física clasifica las entidades elementales en dos categorías, los bosones, llamados así porque responden a la estadística de Bose-Einstein, y los fermiones, que responden a la estadística de Fermi-Dirac. Los bosones pueden asociarse indiferentemente los unos a los otros, mientras que los fermiones no pueden ser asociados sino con la condición de diferenciarse los unos de los otros (principio de Pauli).

[8] HEISENBERG, Werner. Physique et philosophie, Paris, Albin Michel, 1971.

[9] LUPASCO, S. (1951) Le Principe d’antagonisme, op. cit. Leer también : L’énergie et la matière psychique, Paris, Julliard, 1974.

[10] Lupasco definió la actualización-potencialización por los dos polos de lo contradictorio, pero no ha propuesto un término preciso para la manifestación de lo contradictorio como tal. Por otra parte, siempre consideró la afectividad como exterior a la conciencia de conciencia y no propuso la idea de que ella pueda ser la conciencia experimentándose a sí misma.

[11] El principio de antagonismo implica que la actualización de la energía y de la materia no pueden alcanzar una no-contradicción absoluta. En toda materia o energía queda pues lo contradictorio que la enlaza a la energía psíquica, pero, recíprocamente, lo contradictorio no puede pasarse de los dinamismos que le dan nacimiento por su confrontación. No hay espíritu sin materia y sin energía.

[12] LUPASCO, S. L’énergie et la matière vivante, Paris, Julliard, 1974.

[13] LUPASCO, S. L’expérience microphysique et la pensée humaine, Paris, PUF, 1941.

[14] CHANGEUX, Jean-Pierre. “Remarques sur la complexité du système nerveux et sur son ontogènese”, Information et communication, Séminaires interdisciplinaires au Collège de France, Paris, Maloine, 1983.

[15] A causa de ese carácter absoluto, Lupasco situaba la afectividad fuera de la conciencia de conciencia, y en sus primeras obras no aceptaba la idea de que la iluminación de la conciencia pueda fundirse en una afectividad pura ; el pasaje le parecía implicar una solución de continuidad irreductible entre dos naturalezas.

[16] Las técnicas de los budistas tienen por objeto crear este estado de vacío de todas las conciencias objetivas, que se traduce por una afectividad perfecta.