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La Paz, Hisbol, (1986), reed. 1995, 112 p.

La dialectique du don, Paris, Diffusion Inti, 1983, 50 p.

Libros y Ensayos en español

La dialéctica del don – Ensayo sobre la economía de las comunidades indígenas

Dominique TEMPLE | 1986

La antropología económica considera de manera general los sistemas de redistribución y reciprocidad como las expresiones económicas de sociedades primitivas, y difícilmente se libera del postulado según el cual el don es una forma arcaica del intercambio ; por ello mismo – qué duda cabe – se halla limitada para fundar la teoría de “otro tipo de desarrollo”.

¿No habría entonces que invertir este postulado clásico y considerar más bien al don como lo contrario del intercambio ; vale decir, como el principio de una evolución económica contradictoria con la instaurada por el proceso del intercambio ?

En un sistema de reciprocidad de los dones, más damos más somos reconocidos socialmente. El reconocimiento se traduce en autoridad política. Pero para dar, hay que producir, de donde una economía cuyos principios son inversos de los de la economía occidental. El don y contra-don pertenecen a una dialéctica polarizada por el prestigio. Esta polaridad prohibe la reducción del don y de contra-don a un intercambio, y la de la sobrepuja del don al interés del primer donador.

Numerosos economistas que se inquietan por alternativas para las comunidades indígenas, se refieren a la obra de antropología económica de Marshall Sahlins Stone Age Economics, traducido en francés bajo el título Edad de piedra, edad de abundancia, obra que ilustra los esfuerzos de la antropología para escapar de los esquemas tradicionales de la economía política. Pero las tesis de Sr. Sahlins ellas mismas mantienen ambigüedades sobre los principios de desarrollo de los sistemas comunitarios. Marshall Sahlins reconoce la especificidad del don pero, como Marcel Mauss, imagina a un donador que interpreta el contra-don como un intercambio. La reciprocidad, de este hecho, es mi-don mi-intercambio.

Para justificar la superabundancia de las sociedades de reciprocidad, Sahlins hace entonces intervenir el interés que incitaría a un miembro del grupo a intercambiar sus servicios con la comunidad, como Lévi-Strauss imaginaba, para explicar la poligamia, que el guerrero el más poderoso ofrecía a otros la seguridad a cambio de las mujeres. El jefe propondría sus servicios contra una superproducción de los bienes materiales de los cuales aseguraría la redistribución. La ideología del jefe se explica aquí sólo de modo negativo : cercadas, las comunidades primitivas mismas serían incapaces de superarse, condenadas a decaer. Desde entonces, el jefe sería el hombre providencial que daría a la comunidad de los fines imaginarios para superar esta amenaza de caos.

Sahlins contempla la reciprocidad como la circulación de valores de uso en lugar de contemplarle como la re-producción de estos valores de uso. Él hace, por otra parte, el impase sobre la producción del mana, valor moral, de origen inexplicado, más o menos asociado con el interés de cada compañero. Pero si se produce el mana por la reciprocidad de los dones y si, para dar hay que producir lo que debe ser dado, no es necesidad de explicar la desigualdad introducida por el jefe en la reciprocidad como el resultado de una ideología exterior, la fuente de la ideología es el sentimiento de humanidad : más damos más somos grande. No es necesario tampoco imaginar que las sociedades primitivas de reciprocidad son improductivas de demasía. La abundancia de las sociedades primitivas se explica naturalmente porque la reciprocidad es doblemente productiva de valor espiritual y de cosas “buenas para dar”...

El prestigio está en el centro de una reflexión inconclusa de Marcel Mauss. El hau de los Maoríes, el mana de los polinesios, es según ellos la razón de la circulación de los dones. Mauss observa que para dar cuenta de esta circulación, los Maoríes comientan un ciclo ternario : A da a B que da a C, el cual rinde a B que recae a A. Mauss cree que los Maoríes quieren explicar la reciprocidad de los dones dando una cara al mana. El tercer compañero sería necesario para visualizar un valor moral.

La interpretación de Mauss ha sido condenada por Claude Lévi-Strauss que pretende que los Maoríes, no sabiendo reconocer el intercambio como motor escondido de la reciprocidad de los dones, invocan un deus ex machina, el mana. Pero la tesis de Mauss, es tal vez sólo incompleta. Es verdad que si el mana fuera el propio del donador, lo que Mauss deja de creer, Lévi-Strauss sería habilitado a recusar un tal cemento afectivo para juntar entre ellas las obligaciones célebres (dar, recibir y rendir) de otro modo inexplicables.

Pero la tesis de Mauss sugiere otra solución : el hau o el mana no son un valor ya instituido como el propio del donador, sino un valor producido por la reciprocidad. En el cara a cara de la reciprocidad, este valor ético es compartido por los protagonistas como un Tercio incluido. Para poner en evidencia este Tercio, es posible apelar a una estructura que no sea una estratagema, como lo imagina Mauss, sino una estructura de reciprocidad muy concreta, ternaria en lugar de ser binaria (la que es subyacente al intercambio generalizado de Lévi-Strauss) y quien le permite a cada compañero encarnar, entre sus dos otros compañeros, el Tercio incluido. Así se alumbraría el enigma de Ranaipiri. Cada compañero del ciclo de reciprocidad es muy responsable del sentimiento de justicia pero porque tal sentimiento es el producto de la estructura ternaria de la reciprocidad.

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Cf. “La dialéctica del don”, (1983).

– Leer también en español de Dominique Temple, Estructura comunitaria y reciprocidad, La Paz, Hisbol-Chitakolla, 1989. Texto recuperado en : Dominique Temple, La dialéctica del don (segunda edición), La Paz, Hisbol, 1995.

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