Glosario

Superior

Teoría de la reciprocidad La Paz, Padep-gtz, 2003.

1. Las dos Palabras — Homenaje a Lupasco

3. La Palabra de unión y el principio monista

Dominique TEMPLE | 2003

El principio de oposición de Lévi-Strauss (Palabra de oposición), el principio dualista y la cuadripartición son categorías bien conocidas. Lo que nosotros llamamos principio de unión, o Palabra de unión, y principio monista, en cambio, merecen ser explicitados. La observación etnológica da innumerables ejemplos de ello, pero los comentaristas lo retrotraen, en general, a formas heterodoxas de dualismo.

La Palabra de unión focaliza el ser común en un centro. La unión es Él. Y ese Él es Todo. Se podría dar una lista de representaciones debidas al principio de unión que haga eco a las representaciones del principio de oposición : el Todo, el Centro, el Medio, la Cumbre, el Hermafrodita, lo Ambiguo, la Duda, lo Gris, el Ecuador, el Eje, el Solsticio, la Esfera, el Corazón, la Boca, la Mezcla, lo Neutro...

Por cierto, el Todo tiene un contrario. Pero la Nada y el Todo no tienen correlación. La oposición de Nada y Todo no es, pues, idéntica a la oposición de Alto y Bajo. Lo Bajo se opone a lo Alto por referencia a él, por diferenciación de una esencia común, la altura. No ocurre lo mismo con contrarios tales como la Nada y el Todo. El Todo no comparte su esencia con la Nada.

La Palabra de unión focaliza lo contradictorio en el Uno. Lo contradictorio de los orígenes es así forzado por el significante de la unidad a no formar sino una totalidad, aunque el seno de esta totalidad no deje de ser contradictorio. El Uno es, pues, complejo, ya que retiene en sí la relación primordial.

El ser, pues, habla ahora por la Palabra de unión. Habla por el Uno que encierra lo contradictorio en el Todo, y lo que le escapa no es su frente a frente, sino que se presenta primero como Nada. El Todo es como una esfera que se ata por sí misma en el seno de la nada. Pero esta frontera es particular. De ser definida, reenviaría a una dualidad, una oposición, una exclusión. Si el Todo fuera luminoso, por ejemplo, y su frontera fuera precisa, más allá hubiera inmediatamente la sombra y encontraríamos el contraste significativo de la Palabra de oposición. El pasaje del Todo a la Nada se da, entonces, como un pasaje continuo, progresivo, de grado en grado. Ocurre lo mismo en el interior del Todo. Ya que ya no es posible oponerlos en el interior de la totalidad, las diferencias serían progresiones y regresiones continuas. No puede haber en ellas un lugar privilegiado como centro que se opondría a una periferia fija, ni de una cualidad que se opondría a otra.

Robert Jaulin [1], hablando de las sociedades Sara del Chad, dice que el Sí mismo puede ser lo que se define por la unidad del techo de la corte, del barrio, del pueblo, de la región.

« “Ser” de lo “Mismo” se puede tanto en razón de la residencia como de la producción o el consumo de alimentación, de la relación a la tierra, a los muertos, etc… » [2].

El Sí mismo es así plural según el punto de vista que se siga, según las estaciones y los caminos. No es siquiera necesario que el centro sea reconocido, éste puede ser difuso. No hay en todo caso un lugar en relación al cual se podría precisar una oposición. Hay un punto de reunión que puede ser positivo pero también negativo, como lo es el centro de batalla en la guerra. El centro está en todas partes y nace o renace cada vez de forma indeterminada, es nómada.

A partir de entonces, la referencia al Sí mismo, que Jaulin llama también el nodo, es el centro de un Todo cuyos límites son fluctuantes y pueden ser diferentes según el discurso. Nada permite asignarle un valor propio. El centro de referencia de la esfera, el nodo del Todo, es indefinible o incierto. El Sí mismo adquiere una gran riqueza de amplitudes y definiciones.

La Palabra de unión nunca es marcada, ella reenvía de forma simultánea a todos los contrarios. Jaulin la llama reflexiva en el sentido en que el mismo movimiento parte de sí y vuelve a sí, alimentado por el aporte de todo lo que participa de la unión de la comunidad. Así, la repartición del Todo en la comunidad se traduce por la idea de compartir.

« El compartir es una relación reflexiva, no opera necesariamente en el estricto marco del individuo por sí mismo, sino, más bien, en aquel de otros distintos a él y que le son, en este aspecto, lo mismo, lo en Sí. Una comida se comparte consigo mismo y con los otros. El compartir funda una comunidad, genera un universo del que constituye la evidencia, la imposición. De ahí que la cultura sea reflexiva ; es el lazo siempre inmediato, cualquiera sea su espesor, la duración de su existencia » [3].

Jaulin llama Gente de Sí a los miembros de una comunidad en la que domina esta percepción de su identidad como totalidad, y llama Gente de Otro a los que, a causa de su percepción del otro, no participan de esta totalidad [4], de donde proviene una nueva definición de la alteridad.

Ya no se trata de alteridad en el sentido en el que el otro es reconocido como otro sí mismo, sino donde el otro es el que no tiene ninguna relación consigo mismo, es el “completamente otro”. El sentido de otro es, pues, profundamente diferente del que le da Lévi-Strauss para quien el otro es el frente a frente en una relación de reciprocidad.

Los términos de complementariedad, diferencia, reflexión, etc., reciben igualmente una significación diferente y su coherencia proviene del hecho de que se refieren al principio de unión en vez de corresponder al principio de oposición.

El principio de “casa” en las comunidades occitanas

Las organizaciones sociales a las cuales la Palabra de unión da nacimiento no recibieron de la antropología la misma atención que las estructuras dualistas. Ciertamente, las descripciones que testimonian de ello no son raras, como por ejemplo la de Emmanuel Le Roy Ladurie [5]. Le Roy Ladurie sostiene que el domus o el ostal, en Occitania a fines de la Edad Media, es un “concepto unificador” de la vida social, familiar y cultural en el comienzo de la religión.

« Nada muestra mejor la importancia del domus como principio unificador de la vida social, familiar, cultural o del pueblo, que el papel de piedra angular que ella desempeña en Alto Ariège y en Montaillou en la construcción o reconstrucción del catarismo » [6].

Y cita un diálogo elocuente :

« - ¿Dónde vas ? me pregunta Guillermo.
- Voy a la iglesia.
- Y bien, replica Guillermo : Ahí estás hecho un buen cura. Tanto valdría que ruegues a Dios en tu casa como en la Iglesia.
 
Le respondí que la iglesia es un lugar mucho más conveniente para orar a Dios que la casa. Entonces murmuró, dirigiéndose a mí :
– No eres de la fé » [7].

Casa contra casa… El hombre que volvía a las fuentes de la religión tenía la sensación de que la casa era,más que un abrigo el lugar originario de la religión. En Montaillou, archipiélago de casas, se cuentan entonces once domus cátaras y cinco católicas. Le Roy Ladurie observa :

« Todos nuestros montañeces subrayan de corazón y con una energía convincente la fuerza místico religiosa de la “domus”. Nuestros testigos podrían apropiarse la fórmula latina que yo formulé para esta circunstancia : “cujus domus, ejus religio” » [8].

De la Palabra se pasa al principio organizador :

« Desde un punto de vista jurídico mágico, habría que decir etnográfico, el ostal de Ariège, así como la casa andorrana, representan más que la suma de individuos perecibles que componen la casa correspondiente. La casa pirenaica es una persona moral, indivisible en bienes y dueña de un cierto número de derechos : estos se expresan por la propiedad de una tierra, por los usos del bosque y los pastizales comunes de la montaña, “solanes” o “soulanes” de la parroquia » [9].

Le Roy Ladurie subraya otras funciones de unión del domus y el ostal. El ostal es la casa de los vivientes y de los muertos…

« Ella continua al personaje de su dueño difunto » [10].
 
La preocupación por la “domus” no es, pues, “patrilocal” o “matrilocal”, sino ambivalente » [11].

La casa, en fin, está dirigida por un jefe que no es necesariamente el padre o la madre, como es el caso en una organización dualista, sino la personalidad más fuerte.

« La sumisión al jefe de la casa (…) puede convertirse en culto a la personalidad, hecho de admiración, de adoración » [12].

El centro reúne todo, es el único lugar en el que todo converge, de donde todo proviene. Los habitantes del domus no vacilan en llamar Dios a ese Todo. Le Roy Ladurie cuenta cómo el montaillounense Bernard Clergue, al enterarse de la muerte de su hermano, jefe de la casa, se derrumba. « Ha muerto mi Dios. Ha muerto mi gobernador… » [13].

Interpretamos las observaciones etnográficas que establecen el principio de unión con un razonamiento similar al de los antropólogos cuando analizan organizaciones dualistas. Siguiendo el “principio organizador” que aquí focaliza y redistribuye toda autoridad, el principio de unión es el equivalente al principio de oposición de Lévi-Strauss. Si el principio de oposición es una modalidad de la función simbólica, es grande la tentación de considerar el principio de unión como una segunda modalidad de la función simbólica. En cuanto al principio organizador de la vida material y espiritual, que hemos llamado principio monista, simétrico del principio dualista, éste reestablece el equilibrio de lo contradictorio a partir del redoblamiento de la unión en sentido inverso.

¿Cómo se reestablece este equilibrio ? El hermano de Bernard Clergue, jefe de la domus, primero es “adorado”. «  !Mi Dios está muerto ! » por tanto, movimiento centrípeto, pero es de él que todo vuelve : «  !Mi gobernador ! ». Él es el centro de la redistribución : fuerza centrífuga. Equilibrio contradictorio entre dos movimientos, el que reúne y el que redistribuye. El Uno, en efecto, puede ser convergente o divergente, puede atraer al otro hacia sí o puede distribuir a partir de sí. Y ya que hay dos movimientos propios del Uno, el principio monista consistirá en equilibrar esos dos movimientos, el movimiento convergente de la ofrenda hacia el centro y el movimiento centrífugo de la redistribución a partir del centro. De la contradicción de esos dos movimientos renace el equilibrio entre fuerzas antagonistas.

En una organización dualista, las “representaciones desdobladas” por el principio de oposición son redistribuidas de tal forma que las cosas que pueden ser llamadas positivas redoblan a aquellas que pueden llamarse negativas. Lo mismo ocurre en una organización monista.El principio que llamamos monista, por analogía con el principio dualista (por lo menos tal como lo hemos definido), da cuenta por relación con el principio de unión de ese segundo tiempo. Este podrá incluso ser visualizado en el espacio habitado por los hombres. Lo contradictorio aparecerá, entonces, como el lugar a media distancia entre el centro y la periferia, de donde proviene la formación de organizaciones concéntricas.

En su obra Paroles Données, Lévi-Strauss reconoce implícitamente este principio. En diversos puntos da cuenta de la gran cantidad de sociedades para cuya comprensión :

« Hay que introducir, en la nomenclatura etnológica, la noción de “casa” (en el sentido en el que se habla de “casa noble”) (…) : de persona moral, detentora de un dominio que se perpetúa por transmisión de su nombre, de su fortuna y de sus títulos » [14].
 
« Se trata, en efecto, en las sociedades basadas en la “casa”, de hipostasiar la oposición de los receptores y los donadores bajo la apariencia de unicidad reencontrada. Es, pues, la oposición de la filiación y la alianza la que hay que trascender » [15].

El “principio de casa” consiste, por tanto, en nombrar la unidad de la contradicción entre la diferencia (de alianza) y la identidad (de filiación) o, aún, en resolver la contradicción donadores-receptores por un término que signifique la unidad de esta contradicción, y es que efectivamente se trata de la contradicción ya que esta unidad es conflictiva :

« En todas las sociedades basadas en la casa, se observan tensiones y conflictos entre principios antagonistas que son de naturaleza excluyente : filiación y residencia, exogamia y endogamia y, para emplear una terminología medieval que se aplica perfectamente a otros casos, derecho de raza y derecho de elección » [16].

El “principio de la casa” es pues un Principio de unión de fuerzas antagonistas, Palabra de la unidad de contradicciones !

*

Superior


Notas

[1] JAULIN, Robert. in DESHAYES, P. & B. KEIFENHEIM, Penser l’Autre chez les indiens Huni Kuin de l’Amazonie, Paris, L’Harmattan, 1994, Preface, pp. 5-27.

[2] Ibíd., p. 7.

[3] Ibíd., p.6.

[4] JAULIN, Robert. Gens du soi, gens de l’autre, Paris, éd. 10/18, 1973.

[5] LE ROY LADURIE, Emmanuel. Montaillou, village occitan de 1294 à 1324, Paris, éd. Gallimard, 1975.

[6] LE ROY LADURIE, E., op. cit., p. 53.

[7] Ibíd., p. 54.

[8] Ibíd., p. 59.

[9] Ibíd., pp. 59-60.

[10] Ibíd., p. 60.

[11] Ibíd., p. 63.

[12] Ibíd., p. 65.

[13] Ibíd., p. 6.

[14] LÉVI-STRAUSS, C. Paroles données, Paris, Plon, 1984, pp. 189-190.

[15] LÉVI-STRAUSS, C., op. cit., p. 198.

[16] Ibíd., p. 190.