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Teoría de la reciprocidad, La Paz, Padep-gtz, 2003.

Tomo II – La economía de reciprocidad

3. Introducción

Javier MEDINA | 2003

Introducción

Así como en el siglo XIX la crítica más aguda de la Nationalökonomie no provino de un economista sino de un filósofo hegeliano : Marx, de igual modo, y significativamente, la lectura más lúcida de la economía, en el cambio de milenio, proviene de un biólogo, en el cual convergen otras disciplinas como la historia, la etnología, la lógica, la física y la filosofía : Dominique Temple. Decimos más lúcida porque Temple entiende la Economía como la complementariedad de dos principios antagónicos : el principio de reciprocidad y el principio de intercambio ; en tanto que los economistas de la edad moderna, ideológicamente, han absolutizado sólo el principio de intercambio como si fuese toda la economía y sus “externalidades informales”, que no pueden ignorar, se empeñan en entender como si fuesen formas arcaicas, a desarrollar, de un solo principio : el del intercambio.

La economía que regula el FMI y financia el Banco Mundial, el BID, la CAF... se halla en crisis porque, en la era de la globalización de los intercambios y la robotización de la producción, en vez de riqueza, produce pobreza y exclusión a escala mundial ; la clerecía económica no está mostrando la capacidad intelectual de revisar su disciplina desde el nuevo paradigma científico ; es más, lo desconoce e, incluso, parece ignorar, así mismo, el paradigma newtoniano que, sin embargo, los constituye epistemológicamente. Los economistas actuales, en el Norte y en el Sur, son repetidores de catecismos ; se contemplan el ombligo con una mirada atemporal y teológica, desde la recámara de una inmensa pirámide sacrificial. La economía de intercambio es el dogma religioso de las sociedades secularizadas de occidente y las políticas de alivio a la pobreza son el ritual y la liturgia que las operativiza en el Tercer Mundo.

Este segundo tomo es el más denso y arduo de la Teoría de la Reciprocidad, pero, así mismo, el más importante porque en él, Dominique Temple nos ofrece una lectura de la reciprocidad y, a fortiori, de la economía a partir de la sistematización lógica, llevada a cabo por Stéphane Lupasco, del nuevo paradigma científico técnico que se alimenta, sobre todo, de los últimos descubrimientos científicos en física cuántica, biología y las así llamadas neurociencias.

La física cuántica, en efecto, reveló que la materia y la energía, proceden de un acontecimiento contradictorio en sí mismo. La noción de lo contradictorio apareció con el descubrimiento del quantum de Planck, en el estudio de la luz, cuando explicó que la luz podía manifestarse, ora como la vibración de un medio homogéneo, ora como un haz de partículas elementales. Dicho formalmente : todo acontecimiento contiene en sí mismo las potencialidades de sus contrarios. Como se sabe, la lógica clásica excluye la idea misma de lo contradictorio. Por ello, la homogeneización del mundo que ha propiciado, en la edad moderna, está llevando a la humanidad al desastre ecológico, económico y espiritual.

Esta dificultad : lo contradictorio, es salvada por los físicos gracias al principio de complementariedad, uno de cuyos antecedentes teóricos fue el concepto de “estados coexistentes” de Weizsäcker ; todo ello todavía tratando de no entrar en conflicto con el principio de no-contradicción de la lógica moderna, para la cual el criterio de verdad es, justamente, la no-contradicción. Aquí se insinúa la gran ruptura epistemológica del nuevo paradigma científico del siglo XX que Temple lleva al análisis de la economía y que vale, incluso, para pensar nuestra nueva Constitución.

A la sazón, hacia 1935, otro principio ya permitía relacionar lo contradictorio y el no-contradictorio : el principio de antagonismo de Stéphane Lupasco. El principio de antagonismo une la actualización de un fenómeno a la potencialización de su contrario. La potencialización es definida como una conciencia elemental. La onda actualizada está unida a una estructura corpuscular potencializada ; la estructura corpuscular actualizada está unida a una onda potencializada y cada una de esas potencializaciones es una conciencia elemental. He aquí el punto de vista de Lupasco.

Heisenberg utiliza la noción de potencialidad en el sentido aristotélico de acto y potencia. Aristóteles, en efecto, entendía la Materia como una entidad diferenciada que contiene, en potencia, los contrarios : el engendramiento y la corrupción, la vida y la muerte, el orden y el desorden. Ahora bien, el aporte de Lupasco estriba en introducir un término nuevo para este estado particular de potencialidades coexistentes simétricas : “el estado T” que significa, justamente, lo contradictorio en sí mismo.

He aquí, empero, que ese Tercero es el tercero que la lógica clásica excluye y que, probablemente por ello, Lupasco llama Tercero incluído. Ese “estado T” menta, asimismo, la situación en la que las dos polaridades antagónicas de un acontecimiento son de intensidad igual y se anulan recíprocamente, para dar nacimiento a una tercera dinámica entre la energía y la materia, en sí misma contradictoria. Dicho de otro modo, el principio de antagonismo conduce al reconocimiento de una entidad sin materia ni energía, tan real, empero, como la realidad, que Lupasco denomina “Conciencia de conciencia”, que no viene a ser sino “energía psíquica” y que Temple llama “afectividad”. Con lo cual hemos entrado imperceptiblemente al dominio de la Reciprocidad : la liberación de las energías de las polaridades antagónicas que se topan en el cara a cara del encuentro interhumano.

La reciprocidad permite al ser humano descubrir su condición simultanea y latente de predador y presa, de asesino y víctima ; el monoteísmo eligió ignorar y reprimir la polaridad, con las funestas consecuencias que todos conocemos : el holocausto del otro. Dicho de otra manera, la reciprocidad permite entender que el Agente, en su turno, sea Paciente y el Paciente, en su turno, sea Agente ; con otras palabras : que cada uno es la sede de lo contradictorio, pero de tal suerte que el contexto de uno es anulado por el contexto antagonista del otro. La existencia del uno es puesta en juego por la existencia del otro y es la relativización mutua, del uno y el otro, lo que da nacimiento a un Tercero incluido que Temple llama “humanidad”.

De este modo, el principio de antagonismo, en la lógica sistémica del nuevo paradigma, propone una solución original al problema de las relaciones del espíritu con la materia y la energía. La teoría de Lupasco reduce la distancia entre el espíritu científico y el espíritu místico. Nos hallamos, pues, en las antípodas de la modernidad, donde la economía no tiene nada que ver con la ecología y ambas no tienen ninguna relación con la ética. De aquí dimana la incapacidad de las políticas globales actuales para resolver los problemas producidos por el despliegue de la modernidad : el colonialismo, la evangelización, la industrialización y los ajustes neoliberales de finales del siglo XX.

Por tanto, la Reciprocidad no es un comodín que se saca de la maga, como “economía informal” o “capital social”, para maquillar la crisis de la hegemonía unidimensional, monista, del Kapital y seguir desconociendo la alteridad de una visión compleja, interconectada, relativística de una realidad que la física mostró polar, contradictoria pero complementaria.

Eso significa e implica que, justamente, aquí donde la economía de intercambio no ha podido desarrollarse, por la presencia indígena que representa su polaridad opuesta y la bloquea ; que aquí donde la economía de intercambio no tiene los agentes económicos que puedan implementarla, después que el Estado mismo se rediseñara para ponerse a su servicio : ajuste estructural de 1985 ; eso significa que aquí el así llamado “desarrollo económico local”, “municipio productivo”, “lucha contra la pobreza” no pueden seguir pensándose desde solamente la economía de intercambio ; pues ésta es nuestra mayor vulnerabilidad y debilidad.

Es preciso, para lo cualitativo y necesario, para la abundancia de lo bueno, reconocer nuestras economías indígenas como políticas públicas municipales. La nueva Constitución, que tendremos que consensuar en el corto plazo, sirva para introducir el principio de reciprocidad como complementario del principio de intercambio en nuestra comprensión de la Economía. Interculturalidad en Economía significa la complementariedad del intercambio y la reciprocidad en tiempo-espacios diferenciados. Intercambio para lo abstracto, lejano, general y cuantitativo ; reciprocidad para lo concreto, interactivo, local y cualitativo. En medio, los pueblos indígenas han creado interfases de sistema, entre la reciprocidad y el intercambio, como sus redes feriales regionales o, en contextos urbanos : Gran Poder, Urkupiña o, más allá de las fronteras nacionales : la inmensa red que es la Feria 16 de Julio que desde El Alto se extiende hacia el pacífico, Lima, y hacia el atlántico, Buenos Aires, siguiendo las pautas del compadrazgo y la reciprocidad y, sobre lo cual, las políticas públicas lo desconocen casi todo y siguen produciendo “Estrategias productivas” sobre dos supuestos casi inexistentes en Bolivia : Estado y Mercado.

Este texto pretende ofrecer las herramientas conceptuales para poder leer la compleja realidad económica de sociedades no occidentales, como la boliviana, donde el capitalismo, sencillamente, no funciona y de sociedades postcapitalistas, al decir de Peter Drucker, donde los nuevos movimientos sociales están buscando, todavía a ciegas : “antiglobalización”, la complementariedad de la mundialización del intercambio y la mundialización de la reciprocidad.

Javier Medina

La Paz, octubre de 2003

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