Glosario

Superior

Teoría de la reciprocidad, La Paz, Padep-gtz, 2003.

2. Los orígenes antropológicos de la reciprocidad

Los orígenes antropológicos de la reciprocidad

Dominique TEMPLE | 2000

La reciprocidad en su origen

Todas las tradiciones fundan la sociedad en la prohibición del incesto, la interdicción de lo “mismo”. Pero cuando lo “diferente” se presenta bajo una forma radical, entonces ello es lo prohibido. Así, lo que se declina bajo el modo de la “diferencia absoluta”, está tocado por la misma interdicción que la “identidad absoluta” : tabú de las relaciones de los hombres con los extranjeros que serían tan diferentes que, por ello, serían indiferentes y podrían ser considerados como animales.

Prohibir lo “mismo” o prohibir la “diferencia absoluta”, puede comprenderse como dos aplicaciones de una ley más general : la prohibición de lo que se afirma como lógicamente no contradictorio. Y esta prohibición conduce a la relativización de lo diferente por lo mismo y de lo mismo por lo diferente, para engendrar una resultante contradictoria en sí misma que interesa inmediatamente al pensamiento : la energía psíquica… Los términos de no-contradictorio y contradictorio  (lire la définition) indican aquí solamente la estructura lógica de aquello de lo que se trata sin presumir de su contenido.

Es entonces cuando interviene la reciprocidad : cada asociado de una relación recíproca, actuando y padeciendo a la vez, accede a una situación en la que cada una de las dinámicas antagonistas (actuar y padecer) en sí misma no-contradictoria, es relativizada por la otra, de tal manera que se metamorfosean la una y la otra, por lo menos en parte, en una energía reflejada en ella misma : una energía psíquica  [1]. Eso quiere decir que los reflejos, instintos, actividades de sentido… desde ahora ya no están orientados por una actividad biológica ciega, sin reflejados sobre sí mismos sino en una conciencia de lo que son y su finalidad. Esta metamorfosis es pues el advenimiento de la conciencia de conciencia que las Tradiciones llaman “revelación”. Pero sobre todo la reciprocidad permite que la conciencia, que resulta de esta metamorfosis, pertenezca, simultáneamente, tanto a los unos como a los otros. El sentido es inmediatamente universal.

En las grandes narraciones de la historia de los seres humanos, las fuerzas físicas y biológicas de la naturaleza son llamadas ciegas, “caos de los orígenes”, “tinieblas”. De ese caos, surge la “luz”. Y esta luz (espiritual) tiene una eficiencia específica (incluso si esta eficiencia no es, sin duda, más que el equivalente de la eficiencia de las energías antagonistas puestas en juego para darle nacimiento). Esta eficiencia es la “Palabra” de la que a veces se dice que es de origen sobrenatural, ya que está librada de determinaciones de la naturaleza física y biológica. Por ella, la conciencia se nombra y nombra a la naturaleza. Inmediatamente, afronta las determinaciones de las fuerzas de la naturaleza, instintos o reflejos, que no participan de la reciprocidad. Y es por ello que la reciprocidad constituye un umbral entre la naturaleza y la cultura.

La estructuras elementales de la reciprocidad

Casi todas las actividades de los hombres están, pues, sometidas al principio de reciprocidad  (lire la définition) para tener sentido. Están confundidas en la misma matriz y se llaman “prestaciones totales” [2]. Pero cuando la reciprocidad se especializa, cada una adquiere su propio sentido. Según Lévi-Strauss, es en términos de reciprocidad de alianza matrimonial y filiación que los hombres organizan sus primeras comunidades : Las estructuras elementales del parentesco [3]. Está prohibido casarse con consanguíneos (hermanos y hermanas) ; también les está prohibido a dos generaciones diferentes esposar al mismo cónyuge (los hijos a sus padres).

La alianza matrimonial en las sociedades primitivas es en general una relación de reciprocidad binaria  (lire la définition)  : se la llama “reciprocidad restringida”. Puede, es cierto, transformarse en “reciprocidad generalizada” (llamada también ternaria, ya que tres prestaciones bastan para simbolizar este ciclo). La filiación es exclusivamente ternaria : los padres engendran hijos que engendrarán a su vez… Para quienes se interesan por esas cuestiones, les reenvío a este artículo : “El principio de lo contradictorio y las estructuras elementales de la reciprocidad” (1998) [4]. Recordaré, simplemente, que se pueden clasificar las estructuras elementales del parentesco en dos grupos : reciprocidad binaria y reciprocidad ternaria. El grupo de la reciprocidad binaria tiene, a su vez, dos dimensiones : el frente a frente y el compartir. Por ternario, se entiende una relación en la que uno actúa sobre un asociado y se padece de otro asociado. La cadena es pues ininterrumpida y se cierra ya sea en una red o ya sea en círculo. Puede ser lineal, o bien, cuando un solo asociado sirve de intermediario a todos los otros, en forma de estrella : se la llama centralizada. Existen en fin estructuras intermediarias entre las estructuras elementales  (lire la définition) . Algunas de ellas son dadas conjuntamente desde el origen, como la filiación y la alianza, mientras que otras se excluyen, como la reciprocidad lineal llamada “horizontal” y la reciprocidad “centralizada” llamada incluso reciprocidad “vertical” o de “redistribución”.

Cada una de esas estructuras elementales es la matriz de un sentimiento específico (por ejemplo, el frente a frente de la amistad o la reciprocidad ternaria de la responsabilidad). Hay que recontar pues las estructuras elementales, señalar el valor que cada una produce y comprender cómo las diferentes estructuras se articulan entre ellas para formar sistemas  (lire la définition) , a veces exclusivos los unos de los otros. El sentimiento de humanidad, engendrado a nivel de un sistema de reciprocidad, sería diferente de aquel creado por otro sistema. Si todos los valores son universales, la humanidad es plural de todas formas.

Las dos Palabras

Cuando la reciprocidad permite una relativización de sí y de otro, que tiende hacia un estado intermedio equilibrado, el resultado es un sentimiento de pertenencia a una humanidad común. Cuando esta relativización es desequilibrada por uno de los polos que domina al otro, ese sentimiento refleja las características de… el polo opuesto [5]. Por ejemplo, el donador (que pierde lo que dona) tendrá el sentimiento de adquirir el valor de humano (el prestigio), mientras que el donatario, que recibe, tendrá el sentimiento de perder la cara. De ahí viene, para él, el deseo de reconquistar el prestigio, que se traduce por la obligación de reciprocidad, la obligación de volver a dar. Y bien, la palabra se expresa transformando la naturaleza en sus propios significantes. El cuerpo es el primer significante, que es inmediatamente grabado con cicatrices, tatuajes, adornos, los cuales, separados del cuerpo, se convertirán en máscaras. A lo que hemos llamado “revelación” sucede entonces la “significación”, que se puede llamar con las tradiciones religiosas, “encarnación”, una operación en sentido inverso de lo que se ha producido para engendrar la conciencia.

Existen entonces, lógicamente, dos Palabras  (lire la définition) posibles para la conciencia : una que utiliza por significante lógico la “diferencia” y la otra, la “identidad”. A la expresión por la “diferencia”, la antropología se refiere bajo el nombre de principio de oposición o también de disyunción, y la expresión por la “identidad”, bajo el nombre de principio de unión o también de conjunción. Se trata, en efecto, de los fundamentos de dos Palabras, Palabra de oposición y Palabra de unión, que llamaré aquí también palabra política y palabra religiosa.

La Palabra de oposición, el honor y el prestigio

La primera oposición útil para expresar el sentimiento de humanidad es “amigo-enemigo”. La reciprocidad puede entonces ser reproducida concientemente y de muchas maneras, según ella sea más o menos equilibrada o que dominen la amistad o la enemistad. Numerosas son las sociedades construidas a partir de esas tres formas de reciprocidad, llamadas, una “positiva” : la reciprocidad de dones ; la otra “negativa” : la reciprocidad de venganza ; la tercera “simétrica” : las organizaciones dualistas en las sociedades primitivas son su primer ejemplo. La Palabra de oposición distingue la concordia y la discordia. Todo don o venganza debe ser recíproco, so pena de ser inhumano. Sólo la reciprocidad, en efecto, permite metamorfosear el hecho de dar y el de recibir en un valor nuevo, del que da testimonio el “prestigio”. Es lo mismo con la violencia, el asesinato o el robo. Si no se inscriben en la reciprocidad, no tienen ningún sentido : sólo la reciprocidad les de sentido al crear el “honor”.

Esos dos sistemas de reciprocidad, llamados positivo y negativo, pueden relevarse directamente (un asesinato por un matrimonio, un don por un golpe) ya que son equivalentes desde el punto de vista de la estructura. Pero un término real de la relación puede ser reemplazado por un símbolo, la “compensación” (también se habla de una prenda para la reciprocidad negativa) y cuando los símbolos son idénticos, los dos sistemas pueden sustituirse el uno al otro. A partir de entonces, las sociedades dan mayormente preferencia a la reciprocidad positiva y envían la reciprocidad negativa a su periferia.

El prestigio y el honor ilustran el sentimiento de humanidad, creado por la reciprocidad de los dones o de venganza, pero polarizan en su no-contradicción respectiva la reproducción del ciclo. De ahí, la dialéctica del don  (lire la définition) y la dialéctica de la venganza  (lire la définition)  [6]. Esas dos dialécticas pueden relativizarse y esta relativización conduce a una tercera forma de reciprocidad, la reciprocidad simétrica  (lire la définition) en el origen de los valores éticos. La reciprocidad simétrica tiene de remarcable el que no conduce a ninguna forma de dominación y no aparece entonces en ninguna relación de poder. No por ello es menos el fundamento de la sociedad humana.

La Palabra de unión y lo sagrado

Si la Palabra de oposición conduce a diferentes formas de organización ; la Palabra de unión, al contrario, conduce a una sola forma de organización. Ella está en el origen de la religión y opone al honor y al prestigio otra representación : lo “sagrado”.

Se pueden distinguir dos estructuras elementales de reciprocidad que dan nacimiento a la Palabra de unión. El compartir, que produce la confianza, y la reciprocidad ternaria centralizada en la cual los miembros de la comunidad están todos conectados entre sí por un solo intermediario que se convierte en centro de la redistribución y autoridad suprema (por ejemplo, el rey Sihanuk en Camboya). El sentimiento de confianza mutua ya no tiene un frente a frente. Se convierte en “fe”… Cuando el centro se consagra a la redistribución de valores espirituales, la fe de los fieles se transforma en servidumbre personal (obediencia y sumisión) [7].

Todas las sociedades tratan de conciliar la Palabra de oposición con la Palabra de unión, y se ve aparecer una tríada, la tríada del poder : el guerrero y el regente de un lado, y el religioso del otro ; Aquiles, Agamenon y Calchas, que celebra Homero en la Ilíada [8] ; una tríada que asegura el esqueleto de la civilización occidental hasta el siglo XVII o que los historiadores describen bajo diversos tríadas, por ejemplo, el caballero, el trabajador, el sacerdote [9].

Un hombre que no participa de ningún sistema de reciprocidad o que no puede participar en él ya no es considerado como humano. Los tres referentes – el honor, el prestigio y lo sagrado – implican pues negativamente un cuarto referente : lo inhumano, que funda en todos los antiguos regímenes, la esclavitud.

Si ninguna sociedad humana ignora las dos Palabras, cada una confiere la precedencia tanto a la una como a la otra. En las sociedades amerindias de los Andes, el linaje masculino es responsable de la Palabra de oposición, el linaje femenino de la Palabra de unión. En la civilización europea, hasta el siglo X, la palabra política domina y la palabra política salida de la reciprocidad negativa domina la palabra política salida de la reciprocidad positiva (los caballeros se convierten en señores y los trabajadores en siervos). En el siglo XI, la palabra religiosa toma la delantera : los religiosos sacralizan a los reyes y enfeudan sus prerrogativas hasta validar sus alianzas matrimoniales.

Evidentemente en cada orden : político o religioso, un debate interno opone la tentación de lo no-contradictorio a su relativización en contradictorio : poder y libertad, imaginario y simbólico, ley y génesis. La antinomia entre lo no-contradictorio, que pretende el poder, y la relativización de éste para engendrar lo contradictorio, la libertad, es inextinguible. Ella no sólo es una cuestión que atañe a los orígenes, es también una constante que tiene que ver con el génesis ; aquí se encuentra al nivel de la palabra un segundo nivel de relaciones humanas en relación a aquel de las actividades de la vida, el nivel de lo real. La propiedad lucha con la reciprocidad, la selección con la elección, el poder con la libertad. Y cuando lo no-contradictorio domina, suena la hora de las ideologías asesinas que entregan a los judíos al infierno, los negros a la esclavitud, los indios al “servicio doméstico”, a todos los “heréticos” a la tortura y la muerte.

Para las dos Palabras, la prueba es en efecto difícil, ya que deben dar cuenta la una y la otra del sentimiento de humanidad creado por la reciprocidad en el nivel de lo real (el primer nivel  (lire la définition) ) y son desde entonces amenazadas con ser tomadas por la lógica no-contradictoria de su significante (la unión o la oposición).

El fetichismo

¿Pero por qué lo imaginario aprisiona lo simbólico ? ¿Por qué el poder se hace de lo espiritual ? ¿Por qué la reciprocidad simétrica no se impone, no se reproduce inmediatamente en el lenguaje, no conduce al mejor de los mundos ?

El fetichismo del prestigio

Lewis Hyde, en su interpretación del texto más célebre de la literatura antropológica (la enseñanza del sabio Maorí Ranaipiri a un antropólogo inglés de nombre Best), da una idea de eso [10].

Ranaipiri quería contar a Best de qué naturaleza eran las relaciones del hombre Maorí con la naturaleza. Ranaipiri se refería a una relación entre los hombres, una situación de reciprocidad generalizada  (lire la définition) (la más común de todas las relaciones de reciprocidad) : « Supongamos, dice Ranaipiri, que tu me das un regalo y que yo lo transmito a un tercero, cuando a éste se le ocurra de dar por reciprocidad otro regalo, yo no podré guardarlo para mi, ya que podría morir por ello » [11]. Y bien, he aquí que Ranaipiri imagina una relación de reciprocidad ternaria entre los cazadores, él mismo y la floresta [12]. La floresta da pájaros al cazador, el cazador a Ranaipiri que vuelve a dar un pájaro a la floresta con además lo que llama el mauri, una representación del prestigio (el hau) que genera el don.

Es su posición intermediaria, entre la floresta y los cazadores, la que le asegura, a la vez, el ser donador y donatario (una situación por ello contradictoria en sí) que produce en el sabio maorí un sentimiento de responsabilidad. Expresa un tal sentimiento de responsabilidad, confeccionando el mauri, símbolo del espíritu del don. Ranaipiri devuelve el mauri a la floresta para que el ciclo de la caza se reproduzca a iniciativa suya. Crea entonces una quimera de reciprocidad de la que puede extraer un espíritu con el que encanta al mundo.

Lewis Hyde observa que los Maoríes invitan a la floresta a esta matriz, pero también a los ríos, la tierra, el cielo, el universo, luego el más allá que él llama “misterio” y, en fin, a los “espíritus”. El objetivo de esta fuga en el misterio es, sin duda, el de evitar que la reciprocidad no pueda ser recuperada en beneficio de un primer donante, ya que inmediatamente se reduciría a lo que podría interpretarse como un don calculado por su interés, en suma : como intercambio.

Ahora bien, pero cuando se confunde el espíritu del don con el don mismo, que se haga del espíritu del don un primer donador, como si el mauri fuera el símbolo de un donador ; esta reducción establece el valor de responsabilidad como una propiedad de ese cuarto participante del ciclo y, forzosamente, el contra-don significa otra propiedad. Conocemos esa relación entre propiedades : el intercambio. La reducción del valor, producido por el don a la naturaleza del donador, suprime la reciprocidad como matriz de este valor e instaura la propiedad.

Es por haber interpretado el espíritu del don, producido por la reciprocidad, como el yo del donador (como su propiedad) que Marcel Mauss, el principal teórico francés que se inquietó por la reciprocidad de los dones, creyó que donando uno se daba sí mismo. Sostiene enseguida que el don de sí no puede ser definitivo, que es en realidad inalienable, o que el retorno del símbolo a su hogar de origen se hace ineluctable, mientras esta ineluctabilidad sería el resorte del intercambio… Interpreta así el don como un simple préstamo y ve en la venganza la prueba de su interpretación : la venganza vendría a restaurar la integridad del donador cuando el préstamo no fuera restituido. Habla de intercambio arcaico y como todo le parece estar mezclado, alma y cosas, se puede sacar la idea del intercambio simbólico. Bastaría separar las cosas de su valor simbólico para que puedan intercambiarse según criterios objetivos. Extraviada en este impasse, la teoría de la reciprocidad ha quedado por largo tiempo inexplorada, en beneficio del intercambio  (lire la définition) .

El fetichismo del honor

De la reciprocidad de venganza nace el sentimiento del honor, pero puede tener lugar la misma reversión fetichista, como para el prestigio en la reciprocidad de los dones : el honor se hace entonces un principio motor, el dios de la venganza. Es lo que propone el Viejo Testamento :

« Como el Faraón se obstinaba en no dejarnos ir, Yahvé hizo morir a todos los recién nacidos en el país de Egipto, desde los primogénitos de los hombres hasta los primogénitos de los animales » [13].

El espíritu de venganza se transforma en principio de la venganza. El “sacrificio” es desde entonces instaurado como ritual para alimentar al dios de la venganza :

« He ahí porqué ofrezco en sacrificio a Yahvé a todo macho primogénito de los animales y que rescato a todo primogénito de mis hijos. »

El fetichismo de lo sagrado

Se puede considerar así el fetichismo en la Palabra de unión ; entonces la ofrenda se confunde con el asesinato. Faraón, por ejemplo, puede significar la Palabra de unión convertida en totalitaria y la fuga de Egipto la relativización de la Palabra de unión.

Originalmente, el sacrificio recuerda la necesaria relativización de la naturaleza biológica y física para engendrar lo sagrado. Aquí significa la relativización de la Palabra de unión bajo pena de que se vuelva totalitaria, para engendrar su más allá (la tierra prometida). Sin embargo, si se “hipostasía” lo sagrado en principio (la ídolo monoteísta), entonces el sacrificio puede reemplazar la reciprocidad ; dicho de otra forma, la matriz puede ser olvidada y el ritual tomado por la matriz : origen de las religiones. Siempre encontramos ese dilema entre lo que, muchas veces, hemos indicado bajo los términos de lo contradictorio y lo no-contradictorio, aquí más precisamente entre lo imaginario necesario para dar cuenta y proclamar lo bien fundado de los valores adquiridos, y lo simbólico que procede a la relativización de lo imaginario en el crisol de una nueva reciprocidad para engendrar un valor  (lire la définition) superior.

El problema del Mal y el fetichismo

La hipóstasis, por la no-reciprocidad del valor producido por la reciprocidad, señala entonces la reversión fetichista : ya no es la reciprocidad de asesinato la que engendra el honor, es la divinidad de venganza la que dicta el asesinato. No es la reciprocidad de los dones la que produce prestigio, sino el prestigio el que ordena el don. El ciclo de la reciprocidad es invertido en una relación inversa de la reciprocidad, una relación doblemente unilateral, un intercambio. No se produce ningún valor espiritual, aunque el valor espiritual es postulado. Inmediatamente, la libertad engendrada por la reciprocidad se convierte en servidumbre, por tanto en obediencia al gobierno que detenta la Palabra.

En la Tradición judía, el fetichismo es llamado “tentación”. La tentación es una representación no-contradictoria de lo sagrado. Y bien, esta concepción no-contradictoria implica que toda relativización sea denunciada como el Mal.

La reciprocidad no conoce el Mal, ya que es la no-reciprocidad la que inventa el Mal : la no-reciprocidad llama el Mal a todo lo que podría corromper su representación de lo sagrado como no contradictorio. ¡Paradoja ! Lo que nos parecía ser el advenimiento de la conciencia es, desde entonces, llamado el Mal. En realidad, el que inventa el Mal debe ser dicho el Maligno. Siempre el mismo dilema : lo no-contradictorio afronta lo contradictorio.

El intercambio entre los occidentales

Hemos dicho que hacer del espíritu del don un primer donador es típico del fetichismo. En un sistema religioso, ese primer donador se convierte en Dios, y es a Dios que le es debida toda gloria… Esta alienación alcanza su paroxismo en la Europa del norte a partir de siglo XVII. Dios acumula tal poder que el hombre se reduce al estado de naturaleza : se dice de él, incluso, “predestinado”… Todo lo que da cuenta de lo espiritual es efectivamente reservado a Dios.

Desde entonces, una economía reducida a las leyes naturales parece legítima para construir la ciudad terrestre. Es pues la hora del “intercambio”, elegido desde ahora como referente. Realiza la igualdad de las cosas entre sí, una igualdad que se comprende como su complementariedad en vista de una eficacia superior. En suma, mide su utilidad. He ahí una nueva potencia que reemplaza el honor, el prestigio, lo sagrado : la “utilidad”. Los capitalistas sostienen que su principio es universal, ya que objetivo, de cierta forma racional, si se reduce la razón al cálculo. Una noción de la razón y de lo universal específico de esta sociedad. Pero ya no hay matriz, ya no hay génesis. El espíritu ya no es alimentado y languidece.

Quien dice “utilidad” se aproxima, en efecto, al dilema entre lo contradictorio y lo no-contradictorio. ¿Se concibe la utilidad en beneficio de lo privado o de la sociedad entera ? El intercambio es ciertamente neutro, pero define lo útil en términos de fuerzas y, por tanto, en los del mayor beneficio para el poder. Hace el juego de lo unidimensional contra lo relativo. No es el demonio pero es su compañero. Si el intercambio en efecto puede ser llamado ciego, el interés al que se subordina, a su vez, no lo es, sea privado o colectivo. La sociedad está entonces obligada a inventar el “contrato social”, para dominar el retorno a la violencia primitiva, contrato que implica la reciprocidad entre los hombres y que apunta al intercambio, de ahí su ambigüedad. La democracia política en la sociedad occidental es un correctivo necesario para el “librecambio”, pero supone individuos dotados de un ideal del bien predestinado.

Por un lado, el intercambio libera de la sujeción al honor, al prestigio y a lo sagrado. Por el otro, lo mejor que pueda hacer el creyente para honrar lo divino es hacer funcionar la economía utilitarista lo mejor que se pueda. Puede decirse de Dios que es un espíritu puro. Esta paradoja ha sido bien vista por Max Weber : por un lado, una sujeción retrotraída a Dios que suprime todas las intermediaciones : príncipes y obispos, sujeción absoluta ; por otra parte, la salida de la sujeción por el materialismo económico [14]. La conjunción de la moral cristiana y del interés privado explica el triunfo del capitalismo en occidente que no puede, de todas formas, impedir las herejías mortales : racismo, fascismo, nacional socialismo. El peligro de la reducción del trabajo humano al trabajo de la máquina está allí : la fuerza bruta, el poder biológico, la discriminación social o racial, deportaciones y genocidios, en fin, la solución final para la conciencia revelada.

Conciencia objetiva y conciencia afectiva

Pero si el puritano no lo hubiera acaparado en el Norte, el jesuita en el Sur [15], el proceso de la acumulación material a partir del intercambio, ¿no se hubiera producido de todas maneras ? ¿Y no se amplifica, hoy, a despecho de la declinación de la religión ?

La Palabra parece haber expresado, primero, el sentimiento de pertenencia a una humanidad común. « Henos aquí a los verdaderos hombres » es el nombre que se dan innumerables comunidades humanas. La humanidad parece haberse apasionado, primero, por la conciencia más bien afectiva. Su primera ambición fue en todas partes la de liberarse de la naturaleza y afirmarse por sus cantos, sus danzas y sus adornos. La preocupación por el conocimiento del mundo por sí mismo viene, parece, mucho más tarde y con la ciencia. Y bien, la experiencia afectiva, la conciencia, se vuelca hacia lo no-contradictorio. Como un navío en el mar que primero se dirige a alta mar y luego se gira hacia la costa.

Inmediatamente, es tentador tomar la dirección elegida por la conciencia, como la realidad de la cosa observada, y creer que toda cosa nombrada es no contradictoria ; creer que la nominación de las cosas no hace sino reconocer la no contradicción de ellas. Lo que es un modo de conocimiento (la lógica de la no-contradicción) y de comunicación entre los hombres, un organon, es transferido al mundo : la luz, por ejemplo, es finalmente interpretada en el siglo XIX como un sistema de ondas (es decir, como la propagación de un campo exclusivamente continuo) y la materia, como un sistema de átomos (ladrillos elementales, exclusivamente discontinuos).

El golpe de h

La ciencia clásica trató pues de imaginar el mundo a partir de la idea de no- contradicción, y quiso excluir lo contradictorio de su campo. La lógica occidental está fundada, en efecto, en el principio de identidad, el principio de no contradicción y el principio del tercero excluido [16], ese tercero que era, precedentemente, excluido por la lógica pero el objeto de todos los deseos místicos, helo aquí desprestigiado en los siglos XVIII y XIX.

La ciencia positivista, por tanto, fue un auxiliar precioso de la teoría utilitarista hasta una fecha precisa : 1900. ¡Un seísmo ! Un físico, Max Planck, que no se animará a creer en su propio descubrimiento, muestra que la radiación (la luz !) es continua o discontinua según el procedimiento experimental con la cual se la aprehenda y que es, por tanto, contradictoria en sí misma (hv) h es un valor discontinuo, v el valor continuo, contradictoriamente asociado. La interacción, con el aparato de medición, actualiza una no-contradicción dada o la otra, pero a partir de una entidad indescifrable en términos de no-contradicción. Veinte años más tarde, toda energía, toda materia del universo será reconocida bajo la misma nueva perspectiva (por tanto cuántica, es decir, contradictoria). La física cuántica no pone fin a la aprehensión del mundo en términos de no-contradicción (ya que la interacción que engendra esos fenómenos es muy real) ni a la idea de que la fuerza sería una ley de la naturaleza física y biológica, tal vez ni siquiera a aquella de que pueda ser útil organizar cierta parte de la vida material según relaciones de fuerza. Pero la experiencia desmiente los postulados de la ciencia positivista del siglo XIX.

Incluso si las nuevas ideas deben enfrentar una fuerte inercia de las ideas recibidas, lo contradictorio es desde ahora reconocido por todas partes en el corazón de lo que es no-contradictorio, y lo no contradictorio resulta ser uno u otro de los dos polos de lo contradictorio.

De golpe, la ciencia cambia de actitud. Ya no está sometida a la no-contradicción lógica de los principios que organizaron la sociedad. Ya no piensa el mundo en términos solamente materiales ; se inquieta por la dimensiones propias al hombre, pues ellas ya están inscritas en el corazón de la naturaleza. Queda francamente hostil a todo fetichismo, a todo imaginario, pero acepta que su alcance sobre el mundo se redoble con un alcance sobre el hombre y comprende la antinomia de ello. Respeta los valores éticos que hacen parte integrante de sus fundamentos al lado del conocimiento.

La reciprocidad simétrica en los tiempos modernos

Pero las cosas van más lejos. La metamorfosis del caos de los orígenes en energía espiritual (de las tinieblas en luz) es, dijimos, el advenimiento de la conciencia. Hemos interpretado el sacrificio original como la representación de esta consumación de las fuerzas físicas y biológicas de la naturaleza en el crisol de la reciprocidad para engendrar lo espiritual. Luego, la eficiencia de esta conciencia (el Verbo) nombra las cosas, imponiéndoles una definición y un orden según una lógica de lo no-contradictorio, con el principio de oposición o el principio de unión.

Y bien, a partir de Planck, esta intuición encontró la experiencia : los dinamismos con polaridad no contradictoria, y ese mismo contradictorio que puede engendrar lo no contradictorio (el vacío cuántico puede engendrar la materia y la energía). ¿Para hacer qué ? ¿Crear información útil al despliegue de su propia dinámica, como dicen los neurobiólogos ? Es posible, por lo menos, dominar tres sistemas de información : la información física, la información biológica (el código genético por ejemplo) y, pronto, si no la información cuántica, por lo menos su matriz, que pondrá al servicio de lo humano su propia materia psíquica.

Es tal vez aquí que se presenta un nuevo umbral : lo psíquico, o lo cuántico que está en la fuente, no es reductible a lo que haya de “objetivo”. Es “subjetivo” y la génesis de esta subjetividad es la apuesta de la humanidad. Liberada de toda traba física o biológica, esta energía psíquica es la conciencia del hombre. Y bien, participamos todos en la creación de la red mundial de esta información inmaterial, palabra dirigida a todos y disponible para todos de forma permanente y gratuita. Esta gratuidad de la palabra de cada uno a todos y de todos para cada uno, es la forma moderna de la reciprocidad simétrica, una reciprocidad liberada de los imaginarios que la aprisionaban en la propiedad y la sometían al poder.

La reciprocidad se escapa del segundo círculo, el de lo imaginario, y se construye en un tercer círculo. Se convierte en la “noosfera” que había imaginado Teilhard de Chardin, halo único por el momento, entre todos los halos de los planetas, un halo de luz espiritual, anclado en los valores de la ética.

La actualidad de la reciprocidad

Todos los días, recibimos al otro, lo invitamos a compartir víveres, le ofrecemos hospitalidad y nuestra protección, de forma privada o colectiva (cobertura médica universal, retiro, asignaciones familiares, seguros sociales). Practicamos la reciprocidad en lo real ya que somos de lo real, y más de la mitad de nuestra actividad productora está destinada a esta reciprocidad ; sin que lo sepamos, ya interpretamos todo según el paradigma dominante del intercambio.

Tratamos de vivir socialmente y nos inquietamos por la destrucción del lazo social, sin saber lo que es el lazo social, una palabra vaga que recubre de hecho los valores producidos por la reciprocidad simétrica, el sentimiento de responsabilidad, el de libertad, el de justicia, el sentimiento de confianza (según las estructuras de reciprocidad en juego pero que ignoramos). Allá donde esas estructuras se rompen, somos concientes de que el lazo social se deshace ; entonces unos se repliegan a la naturaleza, otros se meten en la mafia, otros en el éxtasi, otros en la religiosidad y otros en lo que llaman economías alternativas, paralelas, subterráneas, marginales, etc. todas precapitalistas. Pero esa retirada nos permite encontrar al otro en la proximidad, la solidaridad, la ciudadanía, sin saber ya cuál es el secreto de esas nociones y prácticas elementales. Excluidos del primer círculo, nos encontramos sin embargo en el segundo círculo, el de la palabra y de la comunicación.

Pero, a falta de competencias sobre el sujeto, aquí también el paradigma del intercambio impone su ley. Se habla aún de intercambios, ¡e incluso de intercambio de competencias ! Y la competencia misma se convierte en objeto de interés y a veces de intereses… ¡recíprocos ! La reciprocidad de intereses, es el intercambio, es decir, lo contrario de la reciprocidad ; más precisamente una reciprocidad vuelta contra sí misma. La confusión conduce siempre al mismo impasse y la desilusión se acrecienta.

También hay que reflexionar y preguntarse lo que se quiere producir : ¿qué valores ? ¿Valor de intercambio o valores éticos : justicia, responsabilidad, confianza, fe ? Los hombres responden las más de las veces : ¡“Primero la libertad !” Es el primer valor que propone la Revolución. Y enseguida “la igualdad”.

Todas las estructuras de reciprocidad son generadoras de libertad ya que todas ponen fin al determinismo de la naturaleza, pero sólo una forma particular de reciprocidad engendra la “justicia” : la reciprocidad generalizada. Desde hace tiempo, los liberales se preguntan ¿cómo conciliar la libertad y la justicia ? La libertad individual es su mayor preocupación. Hay que entender aquí la libertad  (lire la définition) por el repudio de toda sujeción, la sujeción al honor, al prestigio y lo sagrado. Nadie sensato, hoy en día, quisiera volver al tiempo de Carlos Quinto.

¿Pero cómo conciliar esta libertad con la justicia ? John Rawls, campeón del liberalismo contemporáneo, al término de una reflexión de varias decenas de años, concede que el individuo racional no puede ser llamado un individuo completo, y que ni siquiera puede alcanzar a los principios de justicia por sí solo [17]. Aún le falta ser “razonable”, dice, es decir, vivir en reciprocidad con el otro para adquirir lo que Charles Taylor, describe como las capacidades que no pueden surgir sino de la participación de cada uno en una comunidad [18]. Y bien, la comunidad universal, que se libera pues de todos los límites prácticos o imaginarios, se construye por una reciprocidad generalizada.

Otro debate igualmente importante, aunque actualmente esté en suspenso, es el de saber conciliar “igualdad” y “responsabilidad”. Existen, en efecto, dos formas de reciprocidad generalizada, una que promueve la responsabilidad, la otra que promueve la confianza (y en su alienación, se ha visto, la sumisión). La dificultad nace de que son exclusivas la una de la otra. El desconocimiento de las matrices de esos dos valores fundamentales y de su exclusión mutua es el escollo en el que se estrelló la economía comunista.

¿Cómo resolver esos enigmas sino dominando las estructuras de producción de los valores humanos más importantes ?

El reconocimiento de las estructuras de reciprocidad permite asociar la libertad por una parte, la justicia por la otra. Es por ella, cuyo fruto es la “fraternidad”, tercer valor de la divisa revolucionaria, que debiéramos haber comenzado para evitar el enfrentamiento de la libertad y la igualdad y hacer la economía de la revolución de Octubre. Y ello no basta, ya que lo imaginario se apodera en efecto de esos valores para sojuzgarlos. Hay que añadir entonces, al reconocimiento de las estructuras de reciprocidad, el tomar en cuenta los diferentes círculos o niveles (lo real, lo imaginario…) en los que ella se manifiesta.

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Superior


Notas

[1] LUPASCO, Stéphane L’énergie et la matière vivante, Paris, Julliard (1962), réédition : Editions du Rocher, 1986.

[2] MAUSS, M. “Essai sur le don, forme et Raison de l’échange dans les sociétés archaïques”, L’année sociologique (1923-24), seconde série, t.1 ; 2da edición Sociologie et Anthropologie, Paris, PUF « Quadrige » (1950), 1991.

[3] LÉVI-STRAUSS, C. Les structures élémentaires de la parenté, Paris, Mouton (1947), 1967.

[4] TEMPLE, D. “El principio de lo contradictorio y las estructuras elementales de la reciprocidad”, La Revue du M.A.U.S.S. semestrielle, N° 12, Paris, La Découverte, 1998.

[5] Algo difícil de comprender inicialmente y que se comprende en cambio con la Lógica de lo contradictorio. Cf. LUPASCO, S. Le principe d’Antagonisme et la logique de l’énergie, Paris, Hermann, 1952 ; Ver tambien : – L’expérience microphysique et la pensée humaine, Bibliothèque de Philosophie contemporaine (1941), nouvelle édition : Editions du Rocher, Paris, 1989 ; – L’énergie et la matière vivante, Paris, Julliard (1962), 2da edición : Editions du Rocher, 1986.

[6] Cf. TEMPLE, D. “La dialéctica del Don” (1983) ; Sobre la venganza, cf. TEMPLE, D. & M. CHABAL. La réciprocité et la naissance des valeurs humaines, Paris, L’Harmattan, 1995.

[7] El jefe de una monarquía religiosa occidental, el soberano pontífice de la Iglesia católica apostólica y romana, recientemente añadió al símbolo de Nicea (el Credo de los cristianos) un artículo que testimonia de esta focalización extrema : « Además, me adhiero a una obediencia escrupulosa a las doctrinas que enuncian el Pontífice romano o el Colegio episcopal cuando ejercen su Magisterio auténtico incluso cuando no tienen la intención de proclamarlos en un acto definitivo ». (« Insuper religioso voluntatis et intellectus doctrinis adhaereo quas sive Romanus Pontifex sive Collegium episcoparum anuntiam cum Magisterium authenticum exercent etsi non definitivo actu easdem proclamare intendant »). Actas de la Santa Sede, l’Osservatore Romano, 25 de febrero 1989, in : La documentation Catholique, n°1982, 16 avril 1989.

[8] HOMERE, L’Iliade (trad. fr. Eugène Lasserre), Paris, éd. Garnier Frères, 1960.

[9] DUBY, G. Le chevalier, la femme et le prêtre, Paris, Hachette, 1981.

[10] HYDE, L. The Gift, New York, Vintage Books, Random House, 1979.

[11] Cf. MAUSS, M. “Essai sur le don, forme et raison de l’échange dans les sociétés archaïques”, op. cit., pp. 158-159.

[12] Con una diferencia : la relación entre los hombres es bilateral  (lire la définition) , se engendra la justicia además de la responsabilidad, mientras que la relación con la naturaleza es unilateral, engendrando sólo la responsabilidad. Pero esta diferencia no tiene incidencia sobre la demostración que apunta a distinguir la reciprocidad del intercambio.

[13] Biblia : « La sortie d’Egypte. »

[14] WEBER, M. L’Éthique protestante et l’esprit du capitalisme (1905), Paris, Plon, 1964.

[15] CLAVERO, Bartlomé. Antidora, antropología católica de la economía moderna, Milan, Dott. A. Giuffre Editore, S.p.A., 1991 ; traducción francesa : La Grâce du don, Anthropologie catholique de l’économie moderne, Paris, Albin Michel, 1996.

[16] El principio de identidad (A es A) implica la exclusión de lo contradictorio, pero es el segundo principio, llamado principio de contradicción, el que lo explicita : dos proposiciones contradictorias entre sí no pueden ser verdaderas juntas. Finalmente, el principio del tercero excluido precisa que lo que es excluido es lo que es en sí contradictorio : si todos los posibles son implicados en una u la otra de las proposiciones contradictorias entre sí, no existe una tercera proposición entre esos contradictorios. Las lógicas modernas implican innumerables valores pero todas suscriben igualmente la exclusión de lo que es en sí contradictorio. Lo que es contradictorio en sí es el n+1 valor excluido de las lógicas a n valores. Era necesario, consecuentemente, concebir una lógica de lo contradictorio mismo, que es lo que propuso S. LUPASCO, Le principe d’antagonisme et la logique de l’énergie, Paris, Hermann, 1951, nouvelle édition : Editions du Rocher 1987. Cf. TEMPLE, D. “El Principio de antagonismo de Stéphane Lupasco” (1998).

[17] RAWLS, J. Théorie de la justice (1971), Paris, Le Seuil, 1987 ; – Justice et démocratie, Paris, Le Seuil, 1993.

[18] TAYLOR, Ch. Les sources du Moi, Paris, Le Seuil, 1998 ; La liberté des modernes, Paris, PUF, 1997.