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Reciprocidad


Si la reciprocidad es la interacción que permite sufrir de vuelta la acción dirigida a otro, entre actuar y sufrir aparece una situación contradictoria  (lire la définition) cuya resultante da sentido a la acción. En la reciprocidad de las prestaciones totales de las primeras comunidades humanas, el sentido indiviso que se comunica a todas las actividades es el sentimiento de ser humano, y en las relaciones de reciprocidad simétrica que ocurren en las prestaciones totales, el sentido es aquel de los valores éticos.

Cuando la reciprocidad es desigual, la conciencia de conciencia se convierte en el sentido de la conciencia particular en exceso que se vuelve en una conciencia objetiva, el origen del imaginario en el cual los valores éticos se expresarán.

Cuando la reciprocidad es revelada por un objeto, el verbo “réciprocar” deja el sitio a otro verbo que traduce la acción que interesa a este objeto, por ejemplo en una reciprocidad de benevolencia, el verbo transitivo “dar”. La reciprocidad es entonces inherente al verbo dar de modo que dar se encuentra atado a la obligación para el donatario de reproducir el don.

Pero si interesa más la circulación de los objetos que a la prestación de los sujetos, el verbo réciprocar puede ser reemplazado por el verbo “intercambiar”. Por ello, se emplea el verbo intercambiar de dos modos : por una parte cuando él se queda bajo la tutela de la reciprocidad, y hablamos entonces de intercambio de dones o de intercambio simbólico, y por otra parte para significar una permutación de cosas entre sí con arreglo a un interés particular de cada uno, lo que se dice también el trueque.

Muchos autores quieren mostrar que el intercambio es el motor de todas las transacciones económicas, aún cuando no fuese siempre visible porque encastrado (Polanyi), o enmascarado (Lévi-Strauss, Bourdieu), o todavía mezclado (Mauss) con otras relaciones (espirituales o afectivas). Para crear sentimientos comunes se necesitaría entonces intercambiar sentimientos dados a priori.

La hipótesis inversa es que los sentimientos éticos nacen de la relación de reciprocidad. Ya que la afectividad es por cierto absoluta e incomunicable, los sentimientos producidos por las relaciones de reciprocidad pertenecen a cada sujeto.

Entonces, los sentimientos éticos son eficientes y motivan los comportamientos humanos mucho más que el interés. Ellos “ordenan” (el mandato divino, la Ley), de reproducir en seguida su propia matriz, la reciprocidad, la regla de oro.