En una relación de reciprocidad, cada contraparte es a la vez agente y paciente, sede de dos conciencias elementales
que se relativizan la una a la otra, engendrando una sensación de sí mismo, para el uno como para el otro, que da sentido a lo que está puesto en juego entre los socios. Desde entonces, la reciprocidad no es solamente la matriz del sentimiento de la humanidad, sino también del sentido
de las cosas.
La función simbólica es el medio por el cual el sentimiento o el sentido nacido de una situación contradictoria
se expresa en una forma no contradictoria (la Palabra).