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janvier 2009

El Quid pro quo teológico, por Javier Medina

Javier MEDINA

Este equívoco está magistralmente expuesto por Robert Randall, uno de los más sutiles y profundos conocedores del mundo andino. No escribió mucho, pero todo lo suyo es luminoso e iluminador. En esta oportunidad voy a encender este fósforo de su artículo “Los dos vasos. Cosmovisión y política de la embriagues desde el inkanato hasta la colonia” [1].

El protocolo de este quid pro quo nos lo ofrece la Instrucion del Inca Don Diego de Castro Titu Cussi Yupangui, de 1570. Dice así :

« (Ataw Wallpa) los recivio muy bien y dando de bever al uno dellos con un vaso de oro de la bebida que nosotros usamos, el español en recibiendolo de su mano lo derramó, de lo cual se enojó mucho…, y despues desto aquellos dos españoles le mostraron… una carta o libro… diziendo que aquella hera la quilca (escritura) de Dios y del rey e… como se sintio afrentado del derramar de la chicha (Ataw Wallpa) tomó la carta… y arrojolo por ay diziendo : “qué sé yo que me dais ay, anda bete” ».

Por si acaso, Randall nos recuerda, así mismo, qué significa invitar y beber chicha para el pensamiento andino y nos ofrece esta cita de Juan de Betanzos, de 1551 : « (Invitar y beber chicha) es la mayor honra que entre ellos se usa y si esto no se hace cuando se visitan tienen por afrentada la persona (…) que da a beber a otro y no le quisiera rescebir (…) ».

Con lo que llavamos dicho hasta ahora, es evidente que aquí nos las habemos, otra vez, con una puesta en escena des Principio de reciprocidad  (lire la définition) a propósito de la etiqueta andina para manejar las relaciones de alteridad. Ataw Wallpa, de acuerdo a esta etiqueta, ofrece Chicha a los españoles ; y ellos la derraman al suelo. Los españoles ofrecen a Ataw Wallpa la Biblia y el inca, en retorno : en reciprocidad simétrica, la arroja al suelo. Lo de menos es que haya ocurrido exactamente así ; lo de más es que el inca Titu Kusi haya interpretado así, en esos términos, ese desencuentro fundacional entre occidente y la indianidad.

Este acontecimiento, pues, nos parece la metáfora que mejor explica, no sólo en términos andinos, el malentendido entre las dos culturas : la Chicha, en efecto, equivale, para las sociedades andinas, a la Biblia de las sociedades cristianas. He aquí la inconmensurabilidad, en toda su trágica belleza, entre ambas civilizaciones ; civilizaciones que, sin embargo, nos constituyen como “bolivianos”. Hasta el día de hoy, como sabemos, los misioneros, sobre todos los protestantes, siguen queriendo prohibir el alcohol y, desde su punto e vista, tienen razón : no se puede ser cristiano y borracho al mismo tiempo. Ya el lucidísimo Waman Poma, con una ironía típica de conversos, lo dijo con toda claridad : “Un borracho, aunque sea español, es idólatra”. Y todo judío lleva dentro un cananeo. Así, que parece que ha llegado nomás el momento de agarrar al becerro de la idolatría por los cuernos.

Ahora bien, al ser el cristiano una Religión de Proclamación, la palabra, la escritura, la lectura y toda esa cadena semántica, se convierten en la vía regia de comunicación del hombre con Dios, entendido éste como un Padre, sí, pero que está en los cielos. Entre el hombre que esta aquí en la tierra y Dios que está allá en los cielos, el Libro hace de “chakana”, de puente : facilita la comunicación con la esfera invisible de sentido.

Al ser las religiones amerindias Religiones de Manifestación, bebidas y alucinógenos y toda esa red semántico-pragmática, se convierten en vías regias de comunicación del hombre con sus esferas invisibles de sentido. Entre el hombre que está en el “kay/aka pacha” del Orden explicado y “lo divino” que esta en el “hanaq pacha/ukhu pacha” del Orden implicado, la Chicha hace de “chacana” : facilita la comunicación, la sinápsis con el resto del tejido neuronal del cosmos.

Como quiera que para los lectores, el primer polo de la comparación es harto conocido, con el apunte hecho será suficiente. Me detendré un poco más en explicitar lo segundo.

Para empezar, bebían con dos vasos para enfatizar la naturaleza recíproca y complementaria de toda relación. Dentro de las normas andinas, como dice Randall, el hecho de recibir un vaso de chicha o alcohol, spiritus, implica aceptar una obligación a la misma vez que pone al donor en posición de deudor del que recibe el vaso de bebida. Esta es la forma cómo, en los Andes, se establecen los vínculos y los lazos sociales, la forma cómo se tejen las relaciones y se involucra al otro en una red de obligaciones recíprocas  (lire la définition) para garantizar el funcionamiento equilibrado del sistema global.

En el caso de la bebida, el acto de libar significa para el amerindio (constructor, por cierto, de las dos civilizaciones hidráulicas más sofisticadas : en el occidente, para cosechar el agua escasa ; en Moxos para controlar su exceso estacional) el intento de garantizar el flujo de los líquidos, de las aguas, por el cosmos. No puedo detenerme más en ello, pero aprovecho para invitarles a leer el bellísimo texto de Randall.

A este efecto, baste señalar que la embriaguez andina cumple dos funciones : (a) estimular, como decía, la circulación de los fluidos por el cosmos tripartito ; y (b) poner al hombre en un estado de con-fusión, de liminalidad, de com-unión con los otros mundos de “hanaq pacha” y “ukhu pacha” ; es decir, mediante la chicha y la ebriedad los amerindios se comunican con sus dioses, por así decirlo. De ahí, pues, que la chicha sea una parte esencial de todos sus ritos sociales, agrícolas y religiosos.

En el siglo XVI, los españoles consideraron que esos ritos y borracheras fueron la quintaesencia de la idolatría y que por ello era necesario extirparlos para imponerles las leyes de Dios y del rey. Ahora, a finales del siglo XX, los bolivianos occidentales consideran que esos rituales y fiestas, rociadas generosamente con cerveza, son la quintaesencia de nuestro atraso y que, por consiguiente, es necesario prohibir el alcohol en las fiestas y carnavales o de tal hora a tal hora, para poder acceder al desarrollo y al progreso. Es lo mismo. Los bolivianos occidentales confunden alcoholismo protestante, de tipo anglosajón, con borrachera indígena. Uno es el emblema de la soledad y la incomunicación ; la otra es el emblema de la promiscuidad y la comunión : de la relacionalidad en su expresión más integral. El Quid pro quo  (lire la définition) sigue intacto.

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Notes

[1] RANDALL, Robert. “Los dos vasos. Cosmovisión y política de la embriaguez desde el inkanato hasta la colonia”, en Borrachera y Memoria : la experiencia de lo sagrado en los Andes, editado por T. Saignes, La Paz, Hisbol - IFEA, 1993, pp. 73-112.


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