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avril 2010

La reciprocidad, una de las palabras clave, desde la perspectiva antropológica.

Dominique TEMPLE

Intervención oral a la mesa redonda inaugural del seminario organizado con motivo de 30 aniversario del INAUCO en el momento de la entrega del precio « Gigante del Espíritu » a Juan Guillermo Espinosa (Chile) y Dominique Temple (Francia), 1 de diciembre de 2008.
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Agradezco a Don Antonio Colomer Viadel por haber publicado en distintas ocasiones nuestro trabajo sobre la reciprocidad. Publicó en particular la Carta a Gorbachov  [1] en el momento del rechazo del comunismo por los propios comunistas. Lo agradezco por haber publicado también nuestra reflexión sobre la revolución boliviana [2].

Venimos de escuchar dos comunicaciones. En la primera, el profesor Xavier Costa hacía hincapié en el sentido de la fiesta con respecto a los fallas de Valencia. La fiesta es un lugar privilegiado para la constitución de un vínculo social rico, de los más altos valores éticos y el profesor Costa hizo hincapié en el equilibrio que se consigue instituir entre en colectivo y el individual, que define como la tensión entre contrarios. Y en la segunda intervención el profesor Carlos Días destacó que los valores éticos asociados a la armonía impiden la tendencia del individualismo o del colectivo de imponerse unilateralmente.

Entonces, nos preguntamos : ¿qué es lo que impide al individualismo o al colectivo de imponerse sobre el otro, y qué es lo que mantiene en equilibrio ? o más exactamente ¿qué es lo que mantiene el equilibrio estable, lo perpetua para que sea la sede de los valores éticos alegados y que se le asociarían naturalmente ? La misma cuestión para la armonía : para que esta armonía domine a los dos contrarios es necesario que se ejerza sobre el uno y el otro un determinado control, un determinado control como la quilla de buque armoniza la balanza de estribor y babor de un buque. La armonía supone la relativización de la tendencia al individualismo y de la tendencia al colectivismo, por una tercera dinámica que surge entre ellos como el justo medio y que se encuentra capaz de imponer su ley a la de cada uno de estos contrarios.

Pues bien, nuestra propuesta de estudiar la reciprocidad se resume aquí en esta idea que la reciprocidad es la estructura con la cual el equilibrio y la armonía pueden persistir porque en la relación intersubjetiva las fuerzas antagónicas se relativizan la una a la otra, de tal modo que genere un Tercero invisible que se impone a los contrarios, los controla e incluso recurre a ellos para la elaboración del vínculo social constituido por los valores éticos fundamentales.

Ciertamente, no se puede, en algunas pocas palabras, exponer la teoría de la reciprocidad  (lire la définition) . Podemos, sin embargo, decir de manera de homenaje al trabajo de Don Antonio Colomer Viadel y de su equipo, que entre las distintas estructuras sociales básicas que respetan el principio de reciprocidad  (lire la définition) , tres pueden trasladarse aquí :

- La reciprocidad ternaria generalizada que permite instituir el mercado de reciprocidad.

- La estructura ternaria centralizada más conocida bajo el nombre de redistribución.

- Y, por fin, la estructura binaria generalizada, que se llama habitualmente el compartir o la participación, estructura de predilección de la autogestión cuando la autogestión se oye en el sentido que le da el INAUCO, como método de organización económica, que se desarrolla actualmente ante el libre intercambio y la competencia.

Puesto que la autogestión cumple con el principio de reciprocidad me parece que puede decirse que es une modalidad compleja, elaborada del compartir y de la participación.

Aquí, desbordamos el marco sociológico y antropológico para plantearnos cuestiones de orden más filosófico.

Desde Aristóteles, al menos, sabemos que para comprendernos o solamente comunicarnos no podemos recurrir a la lengua sin satisfacer el principio de no contradicción : la palabra coloca sobre el que expresa el yugo del principio de no-contradicción. Por ejemplo, hablamos de colectivización o de individualización que son cada uno un término excluyente del otro, cada uno no-contradictorio, y para mencionar una relación del uno con el otro empleamos la palabra tensión para indicar lo que los une. Los llamamos, a menudo, complementarios pero se trata allí de un abuso de autoridad – de lo que es capaz el espíritu humano, y que revela su potencia – siendo el hecho que se trata de superar por una designación no-contradictoria (la complementariedad es no-contradictoria) lo que la tensión sugiere de contradicción. Los términos de tensión, de equilibrio y de armonía responden a la misma preocupación creando entre los contrarios un vínculo de identidad que viene equilibrar su oposición. Los contrarios podrían así ser tan absolutos el uno y el otro y excluirse de manera radical (tan absolutos como lo postula nuestra lógica de no contradicción) sometiéndose al mismo tiempo a una fuerza de identidad que sería también no-contradictoria, mientras que la relación de esta contrariedad radical y esta identidad se traduciría en un equilibrio que sigue siendo, sin embargo, difícil a comprender.

Kant intentó dar cuenta de esta paradoja bajo la categoría de la comunidad, recurriendo al concepto de reciprocidad. Se trata en su espíritu de una interacción a donde la consecuencia determina también el fundamento (el efecto, la causa) para constituir un Todo. Cada una de las fuerzas en juego así se vincula con la otra. Se puede imaginar de este modo el concepto de equilibrio tanto como todos los estados intermediarios entre el equilibrio más perfecto y el equilibrio más imperfecto, y entonces la dinámica y el movimiento de las cosas, pero se concibe cada una de estas fuerzas, individualismo o colectivismo, como no-contradictorios y la idea de su relativización mutua está ausente. La reciprocidad se reduce al hecho de que la dirección de una de estas fuerzas está dirigida simétricamente frente a la de la otra. La lógica clásica se salva así que excluye como Tercero excluido de todo equilibrio entre dos fuerzas antagónicas, una resultante que sería en sí contradictoria o contendría una parte de contradictorio. Pero ¿si esta interpretación satisface plenamente la lógica clásica, la naturaleza de la cosa entrevista obedece a la misma lógica ? ¿Qué quiere decir la tensión o la armonía o la reciprocidad natural fuera de nuestra representación ?

La lógica que utilizamos desde Aristóteles para representarnos las cosas concuerda, al menos, con una parte de la naturaleza, de lo real, la parte que nombró la física, y esta adecuación explica que podemos no solamente representarnos las cosas pero que podemos actuar con éxito sobre ellas. Hasta podemos utilizar la lógica de identidad para tratar de lo que no pertenece a la física mediante una traducción o transcripción de una parte a la otra. Es lo que hace continuamente la Física hoy cuando pasa de una mecánica cuántica a una mecánica relativista. Sin embargo, si queremos conocer verdaderamente los ámbitos de la naturaleza que escapan a las leyes de la física, los ámbitos de la vida, del espíritu y de la afectividad tenemos todo interés en conocer su propia lógica ya que sino, no podremos intervenir en sus relaciones internas con el mismo éxito que cuando controlamos por la experiencia científica los procesos internos de la parte física del mundo.

Es importante, pues, que la razón se preocupe de darse la lógica necesaria no solamente para analizar sutilmente lo que resulta de la naturaleza física sino también lo que está incluido en las dos partes restantes de la naturaleza : la vida y el espíritu. Tiene que darse un “Organon” claramente más competente que el que nos ha legado Aristóteles, un “Organon” que nos permita un análisis en profundidad no solamente de la materia física, sino de la materia viva y la materia psíquica. La ciencia no puede satisfacerse de una aprehensión aproximada y superficial o incluso discutible de los fenómenos biológicos y espirituales. Se limitaría en este caso a dar cuenta de los acontecimientos sociológicos como acontecimientos físicos (en Francia la sociología de Durkheim a Bourdieu, por ejemplo, o también la economía política muy concentrada sobre la idea de leyes naturales – y por naturales se entiende un juego de fuerzas de naturaleza física).

Tal influencia de la lógica de la física sobre las ciencias humanas conduce al utilitarismo y este tipo de reducción no puede sino servir a un poder de la misma naturaleza que el de la fuerza física. Esta lógica condena, en efecto, las ciencias humanas a una traducción física de los acontecimientos biológicos, psicológicos o sociológicos que exigen, debido a su naturaleza, el reconocimiento de sus propias leyes y en consecuencia de su propia lógica. Hoy obviamente se pone en cuestión las prerrogativas de esta lógica no porque no sería racional sino porque la razón se sirve de un aparato lógico inadecuado para controlar aquello que pretende no solamente conocer sino también transformar.

Es por lo que terminaré esta pequeña contribución a nuestra Mesa redonda por la necesidad de llamar al estudio de la Lógica dinámica de lo contradictorio  (lire la définition) que es el instrumento adaptado para solucionar este tipo de problema. La Lógica dinámica de de lo contradictorio es una lógica generalizada que incluye la lógica clásica de identidad como una de sus tres principales dinámicas lógicas, la segunda es la dinámica lógica de la vida (caracterizada también por el principio de no contradicción, pero polarizada de manera opuesta de la anterior), y la tercera dinámica lógica de lo contradictorio, que se revela lo de la energía psíquica.

Ahora bien, permanezcamos en el principio de reciprocidad : todos los seres se definen como un en Sí que se puede expresar como una función de la tensión o de la armonía o también de la reciprocidad de la que habla Kant. Este primer enfoque en adelante es aclarado por el principio de antagonismo  (lire la définition) de la Lógica dinámica de lo contradictorio, que lo evidencia como un Tercero en sí contradictorio y para eso nombrado Tercero Incluido  (lire la définition) . Este Tercero incluido se revela de naturaleza afectiva lo que da nacimiento a una ontología de la afectividad que hace de cada equilibrio contradictorio la matriz de un ser absoluto, una monada para adoptar el término de Leibnitz. Sin embargo solamente las sociedades humanas construyen estructuras de reciprocidad  (lire la définition) entre tales Sí-mismo – que son cada uno lógicamente en sí contradictorio, pero revelado por el absoluto de la afectividad como Uno. Esta reciprocidad antropológica les permite relativizarse por el encuentro del Otro y de producir entre el Uno y el Otro, un Tercero, libre de toda determinación de la naturaleza, que es la Conciencia, una conciencia que es conciente de ella-misma, el Espíritu. La eficiencia, su energía propia, es la Palabra, por supuesto.

Fuera de la reciprocidad, la palabra no es nada más que una señal, y el sentido se confunde con una finalidad biológica o física. Pero he aquí : a partir de que es vinculado a una relación de reciprocidad, como la Alianza  (lire la définition) , por ejemplo, el hombre puede decir “soy quien soy” o puesto que somos varios generalmente para construir la estructura de reciprocidad básica, “Enawene Nawe” “nosotros, he aquí los verdaderos hombres“.

Es cierto que, como lo sugería el profesor Francisco Lizcano, la identidad puede encerrar al Tercero resultante de la Alianza en un imaginario exclusivo si las condiciones de existencia del hombre primitivo le obligan a definirse en un horizonte limitado, como el pescador cerca del río, y allí como cazador en el bosque, o agricultor en los campos, pero la reciprocidad supera sistemáticamente estos límites so pena de negarse a sí misma. Recuerdo ahora un diálogo de Platón en el cual Sócrates hace frente al extranjero. ¡Qué dice el extranjero después de que Sócrates le haya preguntado de dónde venía ? Dice que teme ser un peligro y por tres veces informa a Sócrates que podría ser un terrible peligro : ¡un parricidio ! Por supuesto aquél que va a destruir la confusión del Padre con el Mismo, que va a atentar al Ser de Parménides, al Dios de Paménides. Pero, ¿qué dice Sócrates ? Sócrates está de acuerdo, ya que prevé, seguramente, que es la Identidad, el Mismo que amenaza de muerte el Nombre del Padre, expresando la ley del Tercero en la representación de la Identidad. La mano ofrecida de Sócrates al extranjero rompe el cerco del Mismo y reabre la Alteridad previa a toda la reciprocidad, preliminar que es de tal necesidad, que se tiene el hábito de mencionar la Alianza por el símbolo de la ¡Alteridad !  (lire la définition)

La Prohibición del Incesto, por ejemplo, da prueba de que la Alianza es la matriz de la revelación de la conciencia. Pero así protegida de una confusión con el hecho de la naturaleza (la conjugación exogámica biológica) la Alianza dice por lo tanto aún más : se puede ver en efecto en la cara del otro, en la transformación de su expresión, la llegada de esta revelación de la Conciencia. La cara de cada uno de los socios de la Alianza, en efecto, es tranfigurada por el advenimiento de lo Humano (o de lo Divino) en la naturaleza, lo que se percibe fácilmente como la belleza, el resplandor que todos los primeros hombres destacan, con placer, por sus adornos y ornamentos, la gloria del ser.

No hay, pues, que temer que las comunidades que se dicen humanas creen una identidad excluyente de los otros. Lo que se dice, por la exclusión que acompaña a veces el nacimiento del universal en su seno, es que él que no entra en la reciprocidad pertenece siempre a la naturaleza salvaje y que no se revela a sí mismo como Conciencia. No nos encontramos aquí con sólo por serlo, una exclusión del otro puesto que a cualquier otro, la reciprocidad tiende la mano para construir con él la morada de lo humano. Al igual que la prohibición del incesto, no es una exclusión del otro sino una invitación. Por el contrario esta invitación significa que la denegación o la ruptura de la reciprocidad implica ineluctablemente la vuelta a la naturaleza inhumana.

D. Temple 

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- Intervención oral a la mesa redonda inaugural del seminario organizado con motivo de 30 aniversario del INAUCO en el momento de la entrega del precio « Gigante del Espíritu » a Juan Guillermo Espinosa (Chile) y Dominique Temple (Francia), 1 de diciembre de 2008. Publicado en Revista Autogestión, cooperación y Participación en las Ciencias Sociales, colección Amadís, Antonio Colomer Viadel (coord.), Universidad politécnica de Valencia, 2009, pp. 75-79.

INAUCO 2009 - Colección Amadís
INAUCO 2009 - Colección Amadís
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Notes

[1] Primera publicación en la Revista Iberoamericana de Autogestión y Acción Comunal, INAUCO, Universidad politécnica de Valencia, n° 19-20, año VIII, Madrid, primavera 1990, pp. 15-38. Publicado en francés por el Mensuel du Service Œcuménique de Presse et d’Information, n° 17, juin 1990, France, éd. CIMADE.

[2] Cf. TEMPLE, D. “La Asamblea Constituyente desde la Teoría de la Reciprocidad”, y “La Constitución boliviana y sus desafíos”, publicados en la Revista Iberoamericana de Autogestión y Acción comunal, n° 52-53-54, INAUCO, segunda época, Valencia (España), Otoño 2008, pp. 33-50 y pp. 51-76.


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