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janvier 2009

1. La reciprocidad ternaria y la responsabilidad

Dominique Temple

La responsabilidad se inscribe, desde el origen, en la filiación de parentesco que sigue vigente todavía en muchas sociedades. Pero cabe notar, aquí, que se halla omnipresente en lo que llamamos el mercado de reciprocidad, porque éste se estructura según el modo de la reciprocidad ternaria : si cada intermediario, entre dos miembros de la comunidad de reciprocidad, recibe de un lado y da del otro, se convierte entonces en la sede de una relación contradictoria (que consiste en dar y recibir a la vez). De ahí brota su conciencia como ser humano y, a saber, de modo tal que aquí (en la reciprocidad positiva) la conciencia de ser donador emerge sin nadie al frente que le reenvíe una imagen de esta conciencia, como sucede en el caso de una relación cara a cara (reciprocidad binaria). Así, en la reciprocidad binaria cara a cara, cada uno ve, en el rostro del otro, la transfiguración producida por el advenimiento de un sentimiento superior de humanidad, común, tanto al uno como al otro, y que se presenta como un Tercero. El otro es el revelador del Tercero que se puede llamar también el Otro (con mayúscula). El otro es entonces el espejo en el cual se refleja la conciencia como advenimiento espiritual en el ser humano.

En la reciprocidad ternaria, en cambio, el individuo encuentra en sí mismo la razón de su sentimiento de ser humano : la individuación o encarnación de lo que se considera, en la reciprocidad de alianza, como no pertenencia ni a sí mismo ni a otro, sino a un Tercero entre ambos, llamado Dios. En la reciprocidad ternaria, parece que el hombre sea no solo un porta-voz del sentimiento común sino también su fuente.

De ahí derivan los nombres de Hijo (de Dios) para elle hombre y Padre (para Dios). Ahora bien, todo ser humano nace como intermediario entre generaciones y es Hijo, antes de ser Padre. Esta individuación del ser en conciencia de sí mismo, soberana y absoluta, funda la dignidad de cada individuo como Humanidad en sí. La verdadera individuación, creada por la reciprocidad ternaria, no tiene nada que ver con la particularidad biológica de los individuos. Pero ¿cómo puede entenderse esta individuación sin imagen, que atestigüe de su realidad ? El sentimiento de responsabilidad nace de una estructura específica, ¡pero no tiene espejo en el cual reconocerse ! La experiencia muestra solamente que si la cadena de la reciprocidad se interrumpiese y la estructura de reciprocidad se destruyese, el sentimiento de responsabilidad, que acompaña la individuación, desaparecería.

Esta vulnerabilidad de la individuación obliga entonces, de manera imperiosa, a respetar la estructura o ley que asegura su reproducción. La ausencia de “espejo” obliga a concebir que el otro sea a priori necesario al advenimiento del Otro, al advenimiento del sentimiento de ser humano, o sea, la ausencia de espejo obliga a imaginar a cualquier otro ser humano como co-creador del sentimiento de humanidad ; se tiene que responder por él, en su propio nombre : una apuesta arriesgada, pero esta apuesta es lo que llamamos responsabilidad.

Cabe señalar que al encontrarse cada uno en la misma situación, la responsabilidad de los unos hacia los otros es la misma para todos, sea cual fuere la particularidad de cada uno. Basta haber nacido y compartir un lenguaje : haber recibido un nombre, para ser humano de manera universal.

A partir de la reciprocidad ternaria simple, nace otra estructura fundamental. Si la relación, que acabamos de comentar, se redobla en sentido inverso, es decir, si la relación de aquel que recibe, de un lado, y da, del otro, no sigue su curso hasta formar un círculo sino, por el contrario, choca con un límite que reenvía, al final de la cadena, el movimiento en sentido inverso (gracias a una relación de reciprocidad binaria) y que el don de retorno pasa por el mismo camino que el don de ida (como la lanzadera de un telar), el intermediario se encuentra en la situación contradictoria de dar, de un lado, y de recibir, del otro, pero de dos maneras que se invirtieron, la una en relación a la otra.

Puede ser también que los dones circulen según varias vías y que se constituya una red de relaciones que obliga, igualmente, a cada uno a preguntarse qué tenga que retornar a cada uno de sus donadores.

El hombre responsable, en la encrucijada de caminos, se pregunta cómo ser justo. Lo justo es un sentimiento que se impone, tanto como previamente la responsabilidad o la amistad. Pero es generado por la reciprocidad ternaria bilateral.

Ahora bien, el “¿cómo ser justo ?” hace intervenir a la Razón. La Razón contesta esta pregunta diciendo : por la igualdad. Debemos a Aristóteles el haber demostrado este punto en la Ética a Nicómaco. La Razón se apropia de lo que hasta entonces dependía sólo de las obligaciones que se imponían a los individuos, por la única fuerza de la convicción moral. Desde entonces, sabemos cómo en los mercados, la circulación de mercancías se desarrolla de manera libre aunque medida y mediada de manera racional : es que está ordenada al sentimiento de justicia que procede de la reciprocidad ternaria generalizada.

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