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juin 2010

2. Las ciencias y lo contradictorio

Dominique TEMPLE

Las precisiones de la física moderna sobre lo contradictorio y lo no contradictorio

Anclar la noción de contradictorio  (lire la définition) en la tradición filosófica, sin duda, es una precaución necesaria, ya que la noción de contradictorio es de las más enigmáticas, pero no podemos esperar precisar lo que está en juego en la reciprocidad si no podemos aportar a esta noción nuevas propiedades ¡que nos son reveladas, nada menos, que por las ciencias más recientes !

Estoy obligado a poner vuestra paciencia a prueba, ya que nos es necesario tomar conocimiento de lo que la ciencia permite añadir a esta noción y que revoluciona su alcance.

Por ahora apelo, pues, a la física cuántica. La física cuántica, en efecto, ha permitido precisar el límite de la actualización de los fenómenos físicos y biológicos, en tanto que actualizaciones no contradictorias.

Nos dice, ella, que la no-contradicción de cualquier fenómeno natural, tiende asintóticamente hacia su perfección, pero que no puede alcanzarla rigurosamente. Queda, siempre, un cociente contradictorio en el seno de la estructura fina de todo acontecimiento natural.

Así, no puede existir un sujeto cognoscente que pueda ser inmovilizado en una no-contradicción radical. Es, incluso, la interacción entre las cosas, por ejemplo, entre lo que es estudiado y el instrumento de medida de quien lo estudia, la que hace aparecer uno u otro de los contrarios potencialmente contenidos en una realidad que se revela contradictoria en sí misma.

La realidad, pues, se despliega entre aquello que aparece como fenómeno no-contradictorio y lo contradictorio mismo. Se puede, pues, desde esta perspectiva, imaginar todas las intermediaciones entre los contrarios, comprendido entre ellas un momento estrictamente contradictorio.

Esta realidad compleja, es descrita por Heisenberg como un conjunto de potencialidades coexistentes, lo que se parece mucho a la potencia (la materia) de la filosofía griega [1].

La ciencia puede, por fin, ¡hablar de lo que no conoce !

La segunda observación que tomo de la física contemporánea es que la transformación de uno de los contrarios en otro, por ejemplo, la onda luminosa en electrones, no produce algo aleatorio : la materialización (o la desmaterialización) de la energía no es un acontecimiento salvaje.

El principio de equivalencia, que se asemeja mucho a la identidad de los contrarios de la que hemos hablado, está determinado como si la onda, al ser onda, también fuera la memoria de electrones en los que ella puede transformarse, y como si las partículas fuera también memorias o conciencias de la energía ondulatoria en la cual pueden transformarse.

A partir de ahí, podemos llamar a esas memorias conciencias elementales   (lire la définition) .

E inmediatamente observamos que ellas están unidas a lo real (a los fenómenos observados), por una conjunción de contradicción, ya que cuando se actualiza la onda, ésta es una conciencia elemental de las partículas, y cuando esas partículas se materializan, a su vez, se actualizan, se convierten en las conciencias elementales de la onda.

Acabo de enunciar, bajo una forma imaginada, el principio de antagonismo   (lire la définition) que funda la Lógica de lo contradictorio, descubierta por Stéphane Lupasco hace una cincuentena de años [2].

Subrayo, en fin, que cuando se produce lo contradictorio puro, mediante la interacción recíproca e igualitaria de los contrarios, sus conciencias elementales se relativizan totalmente, es decir, que su carácter elemental desparece, mientras que la resultante de esta desaparición se constituye en algo que podemos concebir como una conciencia que sólo es conciencia de sí misma ; lo que provisoriamente podemos llamar una conciencia de conciencia .

La física relativista moderna permite añadir a la idea filosófica de la identidad de los contrarios, que esta identidad es una conjunción contradiccional entre un fenómeno y su conciencia elemental.

La física cuántica – que llega al análisis fino de la materia y la energía – verifica mediante la experiencia, la intuición de Aristóteles sobre una materia en sí misma contradictoria.

Las precisiones de la biología moderna sobre la misma cuestión

Tomaré de la biología contemporánea, igualmente, dos observaciones que modificarán e incluso revolucionarán la cuestión de lo contradictorio, esta vez en relación con la afectividad. Con ello habré acabado de reunir los datos que renuevan la cuestión de lo contradictorio ; datos que nos son necesarios para comprender mejor en qué consiste la apuesta de la reciprocidad.

Entre la vida y la muerte, que la amenaza, la interfase aparece primero como un no lugar. No está más habitada que la interfase entre el agua y el aire, el mar y el cielo. Ella “no existe”. Cada célula del organismo está en contacto, sea con otra célula, sea con el medio exterior, aunque el contacto mismo carezca de espesor. La información recibida por los sistemas químicos, es transmitida, analizada, confrontada con un código genético cuya respuesta circunstancial recorre una trayectoria más o menos larga pero quedando ordenada según el sistema viviente que le impone su finalidad (crecer, multiplicarse y diferenciarse en una organización cada vez más compleja). La interfase desaparece entonces como en la proposición de la identidad de los contrarios, como si estuviera laminada y suprimida o, aún, absorbida por una finalidad o una conciencia dominante, la de lo viviente.

Pero el sistema nervioso puede adquirir cierta independencia, y el no-lugar de la interfase puede desplegarse por sí misma.

Si, en efecto, el sistema nervioso es parte del sistema biológico, también es otra cosa, cuya finalidad escapa a la de la vida : despliega la información contra la información antagonista, de suerte que la interfase entre informaciones antagonistas no deja de crecer. El lugar – protegido – de esta experiencia de la interfase, entre informaciones antagonistas, es el cerebro.

El cerebro aparece como un campo de complejización de lo contradictorio (de la interfase) gracias a la confrontación sistemática entre informaciones antagonistas (informaciones de la organización de lo viviente e informaciones del mundo exterior, solicitadas por los órganos de los sentidos).

Y bien, cada información transmitida por una célula nerviosa puede analizarse en tanto fenómenos elementales cuyo orden de tamaño se retrotrae a lo cuántico. La información puede ser medida por las dos modalidades antagonistas que utiliza la física para aprehender los fenómenos cuánticos, sea en términos de intercambios de iones, sea en términos de propagación de ondas.

La estructura del acontecimiento, que traduce la información, es, pues, del orden de tamaño en el que predomina lo contradictorio. La materia de la información es de naturaleza cuántica.

La otra observación, que selecciono de los ricos datos de la neurobiología, es que nuestro sistema nervioso produce por sí mismo una actividad oscilante, ya que alterna una construcción y una destrucción de su propia realidad, mientras que, según la concepción clásica de la biología, la vida es producción de formas nuevas, de organizaciones siempre más complejas, amenazadas y destruidas por una muerte externa [3].

Todo sistema vivo, sin duda, está construido por antagonismos y antagonismos de antagonismos pero, como bien resume la terminología del catabolismo, del anabolismo y del metabolismo, la concepción biológica clásica subordina el catabolismo al metabolismo y el metabolismo al anabolismo, un tanto en la forma en que Aristóteles orientaba los tres principios del desorden, de lo contradictorio y del orden, por la preeminencia del orden.

Y bien, a nivel del sistema nervioso, es diferente : la muerte está programada por las células nerviosas llamadas oscilantes como una actividad que, al menos en los organismos superiores, es producida de forma sistemática para, de este modo, estar en equilibrio permanente con la vida. Nuestro sistema nervioso produce la muerte y la vida para engendrar un contradictorio gratuito, lo que llamaremos sensaciones “vírgenes” o “neutrales”

El sistema nervioso no es solamente un sistema interactivo entre información biológica e información proveniente del mundo exterior. Lo que es construido por el cerebro es una inflorescencia de la interfase en la que lo contradictorio puede desplegarse a sí mismo.

Basta entonces que esos equilibrios entre vida y muerte sean ligeramente dejados en falso por una información proveniente del mundo exterior (una agresión de muerte, por ejemplo) para que este equilibrio se cargue de esta información en exceso : este exceso provoca una reacción que llega a reestablecer el equilibrio inicial, aunque ésta reacción potencialice la agresión como una conciencia objetiva  (lire la définition) .

La fisiología neuronal puede entonces dar cuenta de la percepción : la percepción proviene del hecho de que la sensación virgen, que resulta de una actividad contradictoria anterior y sistemática, se desequilibre y del hecho de que el exceso de no-contradictorio que produce ese desequilibrio está unido a una conciencia elemental, (según lo que dijimos a partir de nuestra observación sobre los datos de la física contemporánea y del principio de antagonismo en Stéphane Lupasco) ; esta conciencia elemental se convierte en el horizonte no-contradictorio de lo contradictorio, lo que se traducirá en el cerebro mediante el reconocimiento de la realidad del mundo en términos de percepciones (objetivas).

Algo que era neutro se convierte, una vez polarizado por una conciencia elemental, en una percepción. Hablo a propósito de ese algo neutro de sensación virgen para decir que la tal sensación “no existe” en la medida en que se dice, como se ha visto, que “lo contradictorio no existe”, ya que ella no es sino una interfase, un medio entre contradictorios y, por consiguiente, lo contradictorio… (¡Todavía la potencia de Aristóteles !)

Si se habla aquí de sensación, no es entonces sino desde un punto de vista científico, ya que esta sensación no es aún sensación de nada. Como quiera, ella está en potencia de ser sensación o de sí mismo o de otra cosa y partir de ahí existirá (el acto aristotélico).

Estamos, sin embargo, ante una paradoja idéntica a la de ciertas ecuaciones matemáticas que se impusieron sin que hayan podido ser imaginadas anteriormente (como dicen los mismos matemáticos). Pero la paradoja es aún más temible, ya que la técnica (aquí los aparatos de televisión que graban las corrientes bioeléctricas en la red de neuronas del cerebro), nos revela que somos la sede de sensaciones que nos constituyen como sujeto y que no sentimos : afectividades silenciosas. Ninguna lógica tradicional nos da razón de una paradoja tal, ni tampoco ninguna economía afectiva. Una paradoja que saca de quicio.

Y para ilustrar esta dificultad, de la cual presiento que puede ser un obstáculo en nuestras discusiones, querría recordar lo que Lupasco mismo decía que el descubrimiento de la sistemogénesis de lo contradictorio : habiendo formalizado la lógica de lo contradictorio a partir de su famoso principio de antagonismo, escribe con los símbolos de su lógica, sobre una hoja en blanco, las derivaciones de su principio pensando hacer aparecer dos grandes sistemogénesis. Sobre el papel aparecen, como se previó, signos que muestran que lo contradictorio puede actualizarse bajo una forma no-contradictoria, sea según la dinámica polarizada por uno de los dos polos, sea según la dinámica polarizada por el otro, aunque también aparece una tercera dinámica según la cual lo contradictorio ni se actualiza ni se potencializa en una un otra de estas direcciones, sino que se engendra contradictorialmente. De donde emerge una sitemogénesis a tres polaridades ideales y no solamente a dos.

Algo impensable (el desarrollo contradictorio de lo contradictorio) en la representación del mundo viene a imponerse a la representación humana. La sensación virgen de la que hablaba es lo contradictorio puro, pero he aquí que puede tener un desarrollo complejo (que se dirá contradictorial) y que será (pero no hablaremos de ello aquí) la materia prima del sentimiento.

Es en la región central del cerebro – donde se reflejan en circuitos cerrados las informaciones del mundo exterior captadas por los órganos de los sentidos y del mundo interior, ordenadas por la materia biológica – donde se encuentran los centros nerviosos de los que emanan las principales afectividades humanas. El sitio de lo contradictorio más complejo es el mismo que el de los sentimientos más complejos.

Resumamos :

- O bien la sensación virgen está movilizada en una interacción con el mundo o la vida, y se convierte en la sensación de algo : calor, sed, etc. : esos valores afectivos, entonces, están de alguna forma limitados. Los límites, lo más a menudo, se deben a las finalidades de la vida. Cada uno recibe, así, una naturaleza particular. Se observa que el dolor, el placer, etc., no están distribuidos de forma aleatoria. Esas afectividades tienen un valor signalético a favor de la vida. Creo que es esta observación la que le permitió a Aristóteles pensar que los tres principios (los dos contrarios y lo contradictorio) (el caos, la vida y la materia) eran desiguales y dominados por la vida. Para él, la afectividad de referencia es, en efecto, la felicidad. Tales afectividades, por tanto, son útiles a la vida, pero no son libres.

- O bien, la afectividad de referencia, la sensación virgen, no está polarizada por ninguna finalidad no contradictoria, ni por la vida ni por el mundo y, por tanto, esta afectividad es la de la libertad. Esta afectividad no tiene límite y, consecuentemente, no tiene ninguna naturaleza particular : ¡es transparente y de una ligereza tal que el poeta Kundera la llama insoportable !

La fisiología neuronal da cuenta entonces de que pueden construirse redes abiertas al mundo por los órganos de los sentidos ; pero que también pueden construirse sistemas autónomos, sistemas de interacciones en bucles que engendran sensaciones que están en el origen de los sentimientos.

De ahí la dificultad que hace poco ilustraba el debate entre el filósofo Paul Ricœur, que pretendía que esta cosa espiritual que resulta de todas esas informaciones, y que llama pensamiento, está fuera del alcance del conocimiento científico, y el biólogo Pierre Changeux, que quería explicar al filósofo que la cosa en cuestión, es decir, todos nuestros pensamientos e incluso nuestros sentimientos, eran el producto de dinámicas físicas y biológicas y de sus interacciones. Debate que no tiene solución a partir de la lógica clásica, ya que también puede decirse que lo psíquico moviliza lo biológico y lo físico en un momento contradictorio que los sobrepasa a ambos, o decir que lo físico y lo biológico crean, entre sí, una interfase contradictoria en la cual se metamorfosean.

Los momentos contradictorios resultan bien de la confrontación o de interacciones que son mensurables, pero decir que la resultante de esta relativización de cosas mensurables es no-mensurable, ya que esta resultante es, justamente, en sí misma contradictoria, es algo también evidente. La resultante en cuestión no es matrizable, como sostiene Ricoeur, ya que está dotada de su propia efectividad, es decir, de la efectividad de una soberana libertad que aquí llamaré voluntad ; ella escapa, pues, al poder científico y responde a la esperanza del filósofo que hace de ella el principio o el comienzo de la subjetividad humana, pero que, ahora, se la sabe producir, como a justo título observa el científico Pierre Changeux, lo cual no es poca cosa.

La vida biológica y la vida espiritual se acercan pues la una a la otra, siendo una la sede de las afectividades, donde éstas son dependientes, y la otra aquella donde las afectividades no son dependientes de las funciones biológicas (sin embargo, necesarias, insisto, para la construcción de interfases contradictorias y, por lo tanto, para las energías espirituales). La vida espiritual y la vida intelectual se acercan igualmente, la una a la otra, ya que ellas son equilibrios cuánticos (complejos) que difieren solamente por el hecho de estar o no estar polarizados por sus interacciones con la vida y el mundo.

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Notes

[1] Cuando el físico pretende dar cuenta de lo que es contradictorio, en parte por medidas no-contradictorias pero antagonistas, llama a sus medidas : complementarias, y ello para respetar los principios de la lógica de identidad o, más precisamente, porque es imposible dar cuenta directamente, por el conocimiento, de lo que es contradictorio en sí.

Se conocen las célebres imágenes de la onda y la partícula, que permiten al físico visualizar la antinomia de esas medidas antagonistas. Cada una de estas imágenes corresponde a una actualización no contradictoria de una realidad que en sí misma es más o menos contradictoria. Sin embargo, esta actualización no puede alcanzar una no-contradicción absoluta. Este interdicto está matematizado por las relaciones de incertidumbre de Heisenberg.

[2] La lógica de no-contradicción : Conocemos solo lo que es no-contradictorio. De ahí el principio (A = A) Los contrarios se excluyen ya que cada uno es no-contradictorio en sí mismo y de ahí el principio de contradicción : A excluye no-A. La exclusión de no-A supone la presencia de A y elimina entonces toda otra solución, ya que ella contendría una parte de contradicción. (Principio del Tercero excluido).

La lógica de lo contradictorio : « A cada fenómeno o elemento o acontecimiento lógico dado y, por tanto, al juicio que lo piensa, a la proposición que lo expresa, al signo que lo simboliza : por ejemplo e, debe estar siempre asociada estructural y funcionalmente a un anti-fenómeno o anti-elemento o anti-acontecimiento lógico y, por tanto, un juicio, una proposición, un signo contradictorio : no-e ; de tal suerte, que e o no-e no puede nunca ser potencializado por la actualización de no-e o e, apero no desaparecer a fin de que, sea no-e sea e, pueda bastarse a sí misma en una independencia y, por ello, una no-contradicción rigurosa ; como en toda lógica, clásica u otra, que se funda sobre lo absoluto del principio de no contradicción. » Postulado fundamental de la Lógica Dinámica de lo Contradictorio, cf. S. Lupasco, El principio de antagonismo y la lógica de la energía, Paris, Hermann, 1951.

Cf. TEMPLE, Dominique. “El Principio de antagonismo de Stéphane Lupasco”   (voir ce texte)

[3] Cf. Jean-Pierre CHANGEUX, L’Homme neuronal, Paris, éd. Fayard, 1983. Los osciladores : « La comunicación en la red neuronal se efectúa entonces bajo la forma de ondas solitarias que circulan a lo largo de los nervios de una punta a otra de la red. ¿Pero de dónde vienen esas señales ? El electro-encefalograma muestra claramente que en ausencia de estimulación sensorial evidente, incluso durante el sueño, el córtex cerebral produce una intensa actividad eléctrica. Un micro electrodo implantado en cualquier célula nerviosa del córtex indica claramente que se trata de una génesis espontánea de pulsaciones eléctricas. El fenómeno es general. Incluso las neuronas puestas en cultivo, por ejemplo a partir de un tumor como el neuroblástomo, produce espontáneamente potenciales de acción. El análisis de esos generadores de pulsaciones fue facilitado por la remarcable regularidad de la distribución de esas pulsaciones en el tiempo. Funcionan como osciladores. Es, por ejemplo, el caso de la neurona “a ráfagas” R de Aplasia. » Jean-Pierre Changeux, L’Homme neuronal, op. cit., capítulo III, p. 100.

« ¿A qué le viene esta actividad espontánea ? Por una parte, los psicólogos desdeñan considerar el trabajo mental como una actividad espontánea, y, por el otro, los fisiológos, a la zaga de Sherrington y los cibernéticos, se interesan en las respuestas cuya relación con una situación periférica no deja dudas. De hecho, a nivel elemental, las pulsaciones propagadas son idénticas, ya sean de origen espontáneo o sean “evocadas”. Además, se discute la distinción entre pulsaciones espontáneas y pulsaciones evocadas por una interacción con el entorno. En efecto, en algunos casos bien establecidos, la actividad evocada tiene como punto de partida un generador espontáneo de pulsaciones.

El ejemplo más sorprendente es el de los receptores sensoriales cuya función es la de “traducir” señales físicas recibidas del mundo exterior como pulsaciones nerviosas. Como primer impulso están en el origen de toda actividad evocada. Elijamos el caso de los receptores vestibulares que, alojados en el oído interno, intervienen en la percepción del campo de gravedad y de los movimientos en el espacio de tres dimensiones. En el mono despierto, un electrodo aplicado en el nervio vestibular registra una actividad espontánea y sostenida del orden de 30 pulsaciones por segundo ; en la dirección opuesta, ella decrece hasta a menos de 10 pulsaciones por segundo. La actividad espontánea que preexiste a la acción del estímulo psíquico permite una doble regulación y, por ello, ofrece mayores posibilidades de decodificación. La respuesta del órgano receptor y, consecuentemente, la respuesta evocada recogida a nivel central, se manifiestan entonces tanto por un aumento de frecuencia de pulsaciopnes, como por una disminución de ésta. » Ibíd., capítulo III, p. 106.


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